JACKIE

Director: Pablo Larraín
Calidad Técnica: Muy buena
Duración: 95 m.
Aspectos a destacar: Algo de violencia.

Primera película rodada en inglés por el chileno Pablo Larraín, que sigue el gusto por los hechos y personajes históricos recientes mostrado en sus filmes No y Neruda, pero con estilo personalísimo, lejos de todo academicismo. Cuenta con un guion de Noah Oppenheim, hasta ahora sólo conocido por su contribución a los libretos de la saga juvenil distópica El corredor del laberinto.

La deconstruida narración atrapa las emociones y tristeza que embargan a Jackie tras el asesinato del presidente de los Estados Unidos, su marido John Fitzgerald Kennedy. Todo se estructura alrededor de una entrevista que la primera dama concede a un periodista, con quien desea hablar sin tapujos, aunque luego controlará lo que finalmente se publique.

Alrededor, a modo de viñetas que retroceden y avanzan en el tiempo, se nos muestran los momentos del magnicidio, los preparativos fúnebres, la charla con un sacerdote, la jura del cargo de Johnson, la atención a los hijitos de la pareja presidencial, el rodaje de un documental en la Casa Blanca en que Jackie ejerce de anfitriona, mostrando al espectador los cambios que ha introducido en la decoración.

Como hiciera en No, Larraín maneja materiales diversos, manejando el blanco y negro del documental y los primeros planos. Y juega hábilmente con la protagonista, excepcional Portman que se transfigura en la primera dama, como si fuera un espectro o un zombie deambulando por una residencia de la que deberá mudarse con sus hijos, con su vestido manchado de sangre, o poniendo el disco del célebre musical “Camelot”, lo que contrasta con su pose impostada a la hora de filmar el documental.

El elenco de secundarios es verdaderamente notable. No transita el director por caminos fáciles y trillados, sino que arriesga creando en el espectador una sensación incómoda, que trata de asemejarse a la que se ceba en Jackie, dura, orgullosa en su personal encrucijada, rota por la pena, fumadora compulsiva mientras aguarda lo que vendrá después en su vida.

José María Aresté

 

Información ofrecida por Ateleus

 

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