DHEEPAN

Director: Jacques Audiard
Calidad Técnica: Buena
Duración: 114 m.
Aspectos a destacar: Violencia

 

Por José Ramón Ledesma – www.adolescentesconpersonalidad.net/

Dheepan es un soldado tamil de Sri Lanka que —tras luchar en la guerra civil que asoló su país—, debe huir a Francia como refugiado. En el conflicto perdió a su esposa y a su único hijo, y para facilitar los trámites y la concesión del asilo, otras dos refugiadas (una mujer, Yalini y una adolescente, Illayaal) se harán pasar por su mujer y su hija. Los tres accederán a una casa de protección social en un barrio marginal a las afueras de París. La pequeña Illayaal empieza a ir al colegio, él consigue un trabajo en la portería de un edificio, y Yalini otro como empleada del hogar. Su nueva vida parece normal y tranquila, y aunque no hablan francés se adaptan bien a las condiciones de su nuevo país. Pero el ambiente problemático del barrio en el que viven (por el narcotráfico y la violencia que genera y los conflictos armados entre bandas) harán que Dheepan tome partido.

Dheepan tiene muchas posibles lecturas: en primer lugar nos cuenta cómo es la vida de los refugiados en Europa: las dificultades que encuentran para conseguir un hogar, o un trabajo, y se nos muestran también las zonas conflictivas en las que acaban viviendo. Por otro lado, la historia establece una analogía entre la violencia que sucede en dos lugares muy alejados: Sri Lanka y las afueras de París. En el primer mundo la violencia se esconde en guetos, y es causada en parte por las abismales diferencias sociales y por el abandono de los poderes públicos. Así, el narcotráfico y sus múltiples y terribles consecuencias, o las guerras de bandas criminales, destapan situaciones que castigan a la tranquila y civilizada Europa. También encontramos un paralelismo entre la violencia exterior y las consecuencias de esa violencia en el interior del protagonista, y sentimos que la guerra —para quien se ha manchado las manos de sangre— es difícil que termine, sólo cambia de escenario. En Dheepan vemos un desgarrador retrato interior del hombre y de su conciencia, de sus más angustiosos temores y de las ansias de redención. Para superar los efectos de la guerra no basta quemar el uniforme y cambiar de pasaporte: las secuelas permanecen y atormentan, resurgen perturbando la paz interior, y para redimirse es preciso asumir la culpa, pedir perdón y reconciliarse con las personas agraviadas.

Información ofrecida por Ateleus

 

Twitter