HUMANISMO. LOS BIENES INVISIBLES

Autor: Lorda, Juan Luis
Fuente: Rialp

          En ocho capítulos, Lorda aborda cuestiones que afectan al hombre en lo más íntimo de su personalidad; la formación de la inteligencia tiene sus reglas y métodos, de manera más clara cuando se quiere alcanzar un nivel de formación que permita adquirir una buena formación académica y cultural. Para centrar bien el libro ha comenzado ha comenzado con un capítulo dedicado a la cultura; un término que se puede usar como baúl donde cabe todo, o como un concepto rico con unos contornos precisos pero no rígidos. El horizonte que plantea Lorda es el de un humanismo que sabe apreciar todo lo que de bueno, verdadero y bello hay a nuestro alcance. En el tercer capítulo ahonda en la formación de la sensibilidad, la educación del buen gusto, dentro de unos márgenes que permiten la variedad y los gustos personales, que son los que ayudarán a configurar un estilo propio; tema que aborda a continuación. Vestir, hablar, actuar con elegancia está tan lejos de lo cursi como de lo vulgar. Disfrutar con el arte tiene poco que ver con rutas turísticas cargadas de visitas y explicaciones; guarda más relación con la contemplación que tiene connotaciones de serenidad y sosiego. Más adelante, dedica un capítulo a tratar sobre la palabra, cuyo dominio nos permite entender y expresar lo más alto que hay dentro de cada ser humano; saber hablar con precisión es un arte como lo es el escribir. Ésta última tarea ayuda a clarificar el pensamiento, a purificarlo de lo que le sobra; decir todo lo necesario de un modo sencillo y preciso es un arte, que se cultiva leyendo, escribiendo y corrigiendo. Escribir bien no sale solo, como no es espontáneo casi nada de lo que manifiesta excelencia; por eso, el artista necesita dominar la técnica para expresar con precisión el arte que lleva dentro.

         Para lograr una buena salud mental ayuda fomentar el sentido del humor; saber no dar a las cosas ni más ni menos trascendencia de lo que tienen; cultivar la auténtica alegría, mejor si es acompañado de buenos amigos, es una manera gozosa de vivir. Ese modo de vida requiere aprender a darse, a ser mejor para servir más. La honestidad es una garantía de que la persona merece confianza; el valor de la palabra dada, la atracción hacia lo justo y verdadero, la repulsa interior ante la mentira y la trampa, son señales que permiten reconocer que se está en camino de vivir una vida digna de la condición humana. De los cincuenta libros que recomienda no sobra ninguno; llama la atención que el autor cite a un personaje novelesco que muchos recordamos de nuestra juventud: Winnetou; es una manifestación de que el autor tiene sus propios criterios y que allí dónde encuentra un signo de excelencia, quizás en este personaje el de la lealtad, sabe incorporarlo y facilitar pistas al lector. Es verdad que, como cita al comienzo, “lo esencial es invisible a los ojos”, como también lo es que se puede escribir de un modo atractivo sobre las humanidades.

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