APOLOGÍA DE SÓCRATES

Autor: Platón
Fuente: Espasa-Calpe

        En la edición del año 2005 viene esta obra junto con el Criton o el deber del ciudadano, que podría ser su continuación natural. Si te es posible, te animo a que leas ambas. En la Apología de Sócrates, éste se defiende ante el tribunal de la polis de Atenas, de la acusación hecha por diversas personas y encabezada por tres personas, un ciudadano rico y poderoso, un oscuro poeta y un político. La acusación de corromper a la juventud enseñándoles que no existen los dioses griegos así como educándoles en un estilo que no concuerda con la opinión de estas personas. La defensa en Atenas la hacía el propio interesado, ante la Asamblea. A lo largo de su defensa, muy ágil y atractiva, Sócrates va comentando sus convicciones: sí cree en un Dios que trasciende las cosas creadas y, por tanto niega que sean dioses los objetos materiales. Alega que ha obrado en su vida procurando mejorar su alma en lugar de su fortuna. Cuando en un oráculo se le citó como el más sabio de los atenienses, Sócrates dudó. Pero al ir interrogando a los que consideraba sabios, comprendió que sabía algo más que ellos; era consciente de su ignorancia: sólo sé que no sé nada. Renuncia a pedir clemencia al tribunal dando lástima, pues eso iría en contra de sus convicciones. Es apasionante la defensa que Sócrates hace de sí mismo, así como la integridad moral que manifiesta.

       En lo que podría ser la continuación del libro anterior, en el Criton, un amigo intenta convencerle de que le permita sobornar a los carceleros para lograr su libertad. Mediante un diálogo del más puro estilo socrático con su amigo Critón, le va conduciendo a la convicción de que debe de aceptar la condena recibida. En su vida tuvo libertad para emigrar a otras polis o países. Si decidió quedarse en Atenas era porque acataba las leyes e instituciones que rigen en esa polis. Sería indigno de él que por unos pocos años de vida, en ese momento tenía setenta, actuara en contra de lo  que consideraba justo.

       Excelentes relatos sobre la vida de un hombre a quien Platón a los veinte años eligió como su maestro. Ya que Sócrates no dejó nada por escrito, sus ideas principales las tenemos que rastrear en Platón, si bien éste último en algunos temas desarrolló su pensamiento de una manera distinta   a su maestro. De Sócrates nos queda el testimonio de su vida, estos relatos así como los diálogos que mantiene con sus amigos poco antes de su muerte. Y, además, el estilo socrático de aprendizaje que por su agudeza ha pasado a la historia.

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