EL LADRÓN DEL FUEGO

Autor: Deary, Terry
Fuente: Anaya

          ¿Qué tiene este libro, con amplio público potencial, pero especialmente adolescente?  La razón hay que buscarla en la sencillez al explicar la mitología griega y en cómo logra engarzar una aventura ambientada en el siglo XIX en una población inglesa con la historia de Prometeo.  Prometeo, uno de los protagonistas del relato, es uno de los titanes. Inicialmente fueron doce esos seres divinos; más tarde aumentó su número. Prometeo tuvo la debilidad, hace un millón de años, de robar el fuego a Zeus y entregarlo a los humanos. En castigo, fue atado a una roca y cada día, Furia, vengadora de los dioses, le arrancaba el hígado. Prometeo volvía a la vida unas horas después para sufrir de nuevo el doloroso castigo. Así fue durante milenios; pero un día Hércules ayudó a Prometeo a conseguir la libertad y Zeus se comprometió a perdonar al titán si encontraba un héroe entre los humanos, como forma de reparar el mal causado. Prometeo recibe unas alas que le permiten volar en el tiempo; si no usa sus poderes divinos, es casi imposible que Furia le localice.

         Mucho después, en 1858, en una ciudad inglesa, un ladrón llamado Edward, con la ayuda de Teo, un niño robado de un orfanato, prepara un robo en una mansión. Aprovecharán una representación teatral como tapadera para introducirse en la casa y perpetrar el robo durante el acto. La acción discurre en presente tanto en el Olimpo como en la ciudad inglesa. ¿Cómo armonizar ambas historias? Un narrador comenta los sucesos a la vez que hace comentarios humorísticos al hilo del relato.

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