EL SANTO DE LOS NIÑOS: JOSÉ DE CALASANZ

Autor: Álvarez, Miguel
Fuente: Casals

         A mediados del siglo XVI, nació en un pueblo de la provincia de Huesca (España) el hijo pequeño de una familia numerosa. Como la herencia la recibirá el mayor, José, que así se llama el chico, se orientará hacia los estudios, con tal eficacia que a pesar de sacrificio económico que supone para sus padres se trasladará primero a Lérida y después a Valencia a continuar sus estudios. Es en esta ciudad donde toma la decisión de hacerse sacerdote. Esa decisión venía precedida de una buena formación cristiana y una cuidada vida de piedad. Tras ocupar algunos puestos en las curias episcopales de la zona, se traslada a Roma, entre otros motivos para conseguir una canonjía. En Roma, vive formando a los familiares de un cardenal a la vez que ayuda en una parroquia junto al Tiber. Ver la miseria humana y moral en la que viven muchos de esos niños, agravada la situación por unas duras inundaciones que afectan a las chavolas asentadas a las orillas del Tiber, son una llamada especial para José a dedicar sus energías a la formación de esos niños sin recursos. Cuando le llegue la concesión de la canonjía, su vida ya está orientada hacia esa nueva misión en la que procura involucrar a otras personas. No es tarea fácil, es la primera vez en la historia que se ofrecerá educación reglada a todos los jóvenes, sea cual sea su origen social. En el caso, de las Escuelas Pías, primer nombre que adopta la institución fundada por Calasanz, con predominio de niños pobres. Pronto llega a tener centenares de alumnos. El problema es conseguir profesores.  Es el germen de los Escolapios.  El proyecto sigue, con altibajos, pues los apoyos humanos son inestables. Cuando la institución ya está asentada y comienza la expansión, vendrá el momento más duro para el santo aragonés. Contradicciones fomentadas por personas de su  institución con el apoyo de algunos eclesiásticos, llevarán no sólo a apartarle de la dirección sino a la supresión temporal de ella. José de Calasanz, con una paz que proviene de su vida interior, reza y pide rezar hasta que pase la tormenta, como así ocurrió. Falleció a mediados del siglo XVII y posteriormente fue elevado a los altares.

Twitter