NEGOCIAR CON LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Autor:

 Antonio Gómez Amigo

En el matrimonio no hay que esperar que el otro adivine lo que nos gusta

Estamos en un momento de negociaciones políticas, de encuentros públicos o privados para llegar a acuerdos y pactos. Dicen los entendidos en negociaciones que uno de los mayores errores es plantearlas en los mismos términos que un partido de tenis: todo lo que tú ganes lo pierdo yo.  En realidad, tanto en la política como en la vida en general, la mayoría de las negociaciones incluyen muchos factores: por ejemplo en un puesto de trabajo cuenta el sueldo, pero también el horario, las posibilidades de promoción o el interés por el contenido.  Tener en cuenta todas las implicaciones permite llegar a un buen acuerdo para las dos partes: lo que se suele llamar un “win-win”.  Pero para conseguirlo es necesario que cada parte plantee lo que quiere conseguir y a qué le da más o menos importancia.

La vida familiar no se basa en pactos y negociaciones, sino en el cariño. Pero muchas veces es necesario también negociar. Con los hijos hay que acordar el horario de jugar a la consola o las horas de llegada a casa, y tendremos que aclararles cuales son nuestros objetivos en esa negociación. Y entre marido y mujer hay que negociar muchas cosas, desde los planes del fin de semana hasta qué priorizamos a la hora de gastar. Y aquí es particularmente importante poner abiertamente las cartas sobre la mesa, no esperar que el otro adivine lo que uno prefiere, para poder así decidir lo mejor para la familia.

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