¡NO HABLES CON LA BOCA LLENA!

Autor:

 Antonio Gómez Amigo

Ingeniero de telecomunicaciones.
Orientador familiar.
Padre de familia numerosa.

“Cenar en familia es una gran oportunidad para formar a nuestros hijos.”

Al atravesar La Rioja, un grupo de peregrinos que hacía el Camino de Santiago hicieron noche en Navarrete. En el albergue, a la hora de la cena, se encontraron con unos originales manteles decorados con frases: “¡Mastica con la boca cerrada!, ¡Coge bien los cubiertos!, ¡Quita los codos de la mesa!, ¡No hables con la boca llena!...”

La ocurrencia hizo mucha gracia al grupo: “Estos manteles necesitaba yo en casa” “Pues en la mía nos pasamos las cenas repitiendo esto”

Las comidas en familia son una gran ocasión para enseñar a comportarse a nuestros hijos, y no solamente como manejar los cubiertos o utilizar el pan.  Hace poco el presidente de la Asociación Vasco-Navarra de Psiquiatría, hablando de la formación de los hijos, decía que cenar juntos toda la familia tiene una importancia fundamental, y animaba a hacer un esfuerzo para ajustar horarios y permitir esa cena familiar. ¿Por qué? Porque ese rato compartido es un “banco de pruebas supervisado” de sus relaciones con amigos, compañeros y familiares.  Cenando en familia nuestros hijos aprenden a escuchar a los demás y a esperar para hablar; a contar su cosas; a dar una opinión respetando a los otros; a no atacar a los que les llevan la contraria, pero al mismo tiempo sabiendo defender sus argumentos. Y es también una ocasión inmejorable para que vean como sus padres escuchan, valoran y respetan sus opiniones, tanto si estamos hablando del colegio, de futbol, de los planes familiares o de las últimas noticias. Es, en definitiva, una inversión que merece la pena.

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