Son Tus Hijos | Escuela de Familias - ¡AHORA MÁS QUE NUNCA, TODOS A UNA!

¡AHORA MÁS QUE NUNCA, TODOS A UNA!

Autor: Carmen Guerenabarrena
Licenciada en Humanidades por la Universidad de Navarra.
Diplomada en Historia del Arte y Magisterio en Educación Primaria por el Centro Universitario Villanueva.
Ha desempeñado su labor profesional en Bilbao en diversos lugares y empresas.
Fuente:

Sontushijos

¿Por qué es la escuela la que debe suplir esas carencias?

Cualquiera que acuda a un centro de Educación Secundaria, o vaya con  un grupo de jóvenes adolescentes en un autobús, se dará cuenta de que sus modales distan mucho de los que nos han enseñado a la mayoría, y que dejan muchas veces mucho que desear. ¿Qué está pasando?

Muchas personas, siguiendo la moda actual, dirán que “la culpa” de esos malos modos es de los profesores que no saben educar, que no educan en valores. Los profesores son conscientes de que cada vez han de hacerse cargo de más cosas. Ya no son únicamente las materias, sino que, hoy en día son ellos los que, en cierta medida, adoptan casi por obligación, el rol que debería ocupar la familia. Por ello los maestros deben abarcar todo ese ámbito de valores, actitudes, formas de saber estar que antes se aprendían en casa.

Cabe plantearse que Bolonia, el proyecto Tuning, etc que busca una globalización educativa, aporta a los alumnos destrezas para su desarrollo personal y les forma para su futuro profesional. Pero se podría decir que, detrás de estos planteamientos, hay un fondo, quizá no tan visible, que parte de la base de que, hoy en día hay que enseñar en la escuela unas destrezas con las que antes ya contábamos. Por ejemplo, la competencia relacionada con las habilidades sociales enseñará a los alumnos a ser asertivos, a mantener conversaciones adecuadas, a respetar y tratar bien a todas las personas sean o no de culturas y razas diferentes...

Pero ¿por qué es la escuela la que debe suplir esas carencias? Es decir, un profesor puede llamar la atención a un alumno por poner los pies encima de la mesa, pero ¿no deberían saber estos alumnos que esa conducta es inapropiada? Todo esto está consiguiendo que la escuela multiplique su función; es decir, antes la familia educaba y la escuela apoyaba. Ahora, ambas tareas las ha de aglutinar muchas veces el colegio, porque las familias dejan de ser transmisores de valores como el saber estar, el respeto o la tolerancia.

La sociedad ha llegado ya a su máximo grado de comodidad, incluso ya las propias familias “escurren el bulto” y dejan esa labor a los docentes y, como ocurre en estas situaciones, si hay algún error, es porque el colegio ha cometido un error o el profesor no tiene la competencia suficiente como para educar correctamente.

Siempre, pero especialmente este año dedicado a las familias, es el momento de que ambas instituciones remen juntos en una misma dirección y con un mismo fin: el de hacer de la familia, y, especialmente, de los niños que las componen, personas íntegras, que busquen y prediquen la Verdad con el ejemplo de sus vidas, basadas en unos valores que acojan a todas las personas.

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