ÉBOLA: ¿Y A MÍ QUÉ?

Autor: Antonio Gómez Amigo

Ingeniero de telecomunicaciones. Padre de familia numerosa. Orientador familiar.

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Original para sontushijos

Un rasgo de las personas con un corazón grande es que se duelen más por la muerte de unas personas desconocidas en el naufragio de una patera a cientos de kilómetros que por sufrir un pinchazo inesperado en la carretera;  por la tragedia sucedida a otros que por un contratiempo personal.  Es una cualidad que no es fácil conseguir, y que seguro que queremos para nuestros hijos.

La noticia omnipresente de estos días es el ébola: está constantemente en los periódicos y los telediarios; recibimos y reenviamos por Whatsapp memes con chistes de humor negro criticando a las autoridades; opinamos sobre lo que se debería haber hecho...  pero ¿nos sentimos afectados por el sufrimiento de tantas personas?  ¿Y qué contestaríamos si nuestros hijos nos preguntarán qué hemos hecho nosotros para ayudarles?.

Si todavía no hemos hecho nada, todavía estamos a tiempo.  Primero, a tiempo de dar a cada cosa su importancia: por encima de todo, la tragedia de las personas que viven en las zonas afectadas de África y sufren en su carne la enfermedad y sus consecuencias.  Y después, a tiempo de hacer lo que esté en nuestra mano. Hemos visto a los misioneros y médicos que se juegan y pierden la vida por ayudar a los enfermos. Quizá lo que nos toque sea ayudarles económicamente, sin esperar a que el gobierno lo haga por nosotros. E involucrar a nuestros hijos en esa preocupación y esa ayuda, compartiendo con ellos cómo va a colaborar nuestra familia, y proponiéndoles que participen con su dinero o renunciando a un capricho.

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