Son Tus Hijos | Escuela de Familias - COSAS A TENER EN CUENTA

COSAS A TENER EN CUENTA

Autor: José María Contreras
Licenciado en Biología.
Dedicado desde siempre a la formación de personas, tanto en la empresa como en centros educativos.
Diplomado en Pedagogía y PDD en el IESE.
Fruto de su experiencias ha podido publicar más de una docena de libros y ha colaborado en distintos medios decomunicación.
Padre de tres hijos.
Fuente:

Texto tomado del libro "Pequeños secretos de la vida en común". Con autorización del autor

Pequeños secretos a la hora de elegir pareja

Quizá, cuando dos personas se constituyen en pareja, lo que más influye en ese enamoramiento, en líneas generales, sea el aspecto físico. Y eso es importante. Es fundamental que dos personas se gusten, porque si no sería muy difícil que hicieran un proyecto de vida en común con vocación de permanencia.

Pero también es cierto que eso es lo más pasaje­ro, no porque la belleza se pierda -que se pierde­ sino porque las personas se acostumbran. Aunque uno se casase con la mujer o con el hombre más atractivo del mundo, a base de verse terminaría por parecerle normal. Esto es un hecho demostra­ble por la vía de la experiencia.

Por tanto, habrá que tener en cuenta otros as­pectos a la hora de intentar que esa relación sea fructífera, y que no sólo tenga vocación de perma­nencia, sino que sea permanente de verdad. Esas cosas son el carácter y la forma de pensar, incluyen­do las creencias y el pasado de esa otra persona.

Al principio parece que estas cosas no impor­tan, porque el aspecto físico y la novedad lo cubren todo o casi todo. Pero cuando llega la vida de cada día, la cotidianeidad, el día a día, entonces las co­sas son de otra forma.

El carácter se manifiesta con toda su expre­sión. Y todos los caracteres tienen aspectos de­sagradables, unos más que otros, pero todos los tienen. Toda persona tiene que luchar con su ca­rácter.

Entonces, lo que se llevaba con facilidad, lo que no constituía obstáculo, ahora empieza a re­cibir mucha importancia; a veces, quizá, dema­siada.

La forma de pensar, las ideas políticas o religio­sas, la visión de la vida, que no se tenían en cuenta suficientemente, ahora se valoran mucho más. Se es consciente de que quizá no se esté de acuerdo en cosas que uno u otro consideran fundamenta­les, o que pensamientos sobre diversos temas son claramente divergentes. Esto erosiona la conviven­cia, sobre todo cuando se plantean temas de fondo, como puede ser la educación de los hijos.

El pasado también puede manifestarse en su aspecto más negativo, y cosas que no importaban empezarán a ser causa de celos, malhumor, etc. En definitiva: uno no acepta al otro por falta de madu­rez, y el otro no es aceptado y, por tanto, se siente rechazado. Por ahí puede venir otra fuente de desacuerdos grande, de desunión.

Probablemente se piense: ¿qué puedo hacer si ya estoy casado?

Quizá, a bote pronto, dos cosas. Primero, acep­tar la vida como es y luchar por cambiar lo que se pueda, que es un síntoma de madurez. Y, segundo, explicar a los hijos qué es lo importante a la ho­ra de seleccionar pareja, distinguir entre forma y fondo, y entre lo que es pasajero, efímero y funda­mental.

 

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