FONDO Y FORMA

Autor: Alicia Iglesias

Licenciada en Filología.

Diplomada en Magisterio.

Responsable del departamento de Lengua y Literatura del colegio Eskibel .

Fuente:

Sontushijos

Requiere paciencia, constancia y dedicación.

Estas dos palabras imprescindibles para el análisis de las obras literarias, son también fundamentales en nuestra vida personal, familiar, social, académica, profesional…, y,  por supuesto,  en todas nuestras producciones orales y escritas. No resulta fácil tenerlas siempre en nuestro pensamiento, nos falta tiempo de reflexión y nos sobra actividad, pero es interesante tenerlas entre nuestras intenciones y objetivos a largo plazo. Acostumbrar a nuestros hijos y alumnos a pensar sobre hechos y palabras, y a repasar y corregir lo escrito requiere paciencia, constancia y dedicación.

Esta tarea empieza desde muy pequeños, con las primeras palabras, vocalización de sus primeras canciones y poesías, con los primeros cuentos que crean, escuchamos y aplaudimos para que sientan que son capaces de hacerlo bien y de interesarnos. Cuentos que escribimos al dictado, cuando ellos todavía no saben hacerlo, y se los leemos después para dejar constancia de su capacidad creadora.

La dedicación continúa cuando se van haciendo mayores, ahora contaremos ya con la ayuda del colegio, pero los padres seguimos siendo fundamentales: leer con ellos, para ellos, cuidar y valorar sus lecturas, su claridad lectora, su comprensión, sus primeros cuentos escritos, sus representaciones teatrales en familia… Hacerles comprender que las nuevas tecnologías son unas estupendas aliadas para cuidar el fondo y la forma (permiten la corrección casi automática), que el conocer varias lenguas facilita su pensamiento, que las actividades orales y escritas pueden ir haciéndolas en varios idiomas… La creatividad está en su mente y poco a poco irá convirtiéndose primero en palabras orales y en textos escritos después. No se trata de que produzcan textos espléndidos (algunos sí lo harán), sino de que produzcan con interés y sintiéndose valorados. Se trata también de no desanimarnos si sus avances o su actitud no son como nos gustaría y  de mostrarnos ante ellos  siempre esperanzados con sus posibilidades.

La llegada de la adolescencia no debe llevarnos a una mal entendida modernidad que considera el cuidado de la expresión, presentación y ortografía como algo rancio y desfasado,  como un conocimiento retrógrado casi incompatible con los parámetros educativos actuales. Es el momento de insistir en la expresión sin olvidar la comprensión y de prestar atención al periódico. Para que un mensaje sea válido primero debe ser coherente y estar bien cohesionado, pero no podemos olvidar el envoltorio.  Esta cuidada expresión será necesaria tanto en sus trabajos creativos como en sus asignaturas. El conocimiento ortográfico y la adecuada presentación son imprescindibles para garantizar la correcta interpretación de escritos y por lo  tanto imprescindibles para la comunicación.

Como padres y profesores tendríamos que ayudar a que nuestros jóvenes sigan valorando el fondo y la forma de sus manifestaciones. Sin duda es más sencillo mantener el hábito de cuidar y corregir su expresión que crearlo cuando llegan a Secundaria.

Twitter