Son Tus Hijos | Escuela de Familias - EDUCACIÓN ESPECIAL: EL CAMINO DE LA INCLUSIÓN

EDUCACIÓN ESPECIAL: EL CAMINO DE LA INCLUSIÓN

Autor: Igor Flores

Profesor de Educación Especial.

Maestro de Educación Primaria y Audición y Lenguaje.

Psicopedagogo.

Munabe Ikastetxea.

Fuente:

Sontushijos

Actualmente, el concepto de heterogeneidad ha cobrado más entido que nunca.

Hace unos años resultaba extraño encontrarse en un aula, a un chico que presentara problemas (fueran del tipo que fueran), y éstos eran una minoría que poco a poco fueron poblando nuestras aulas hasta el día de hoy. El concepto de heterogeneidad ha cobrado más sentido que nunca y hoy en día no es extraño encontrarse uno, dos o más alumnos con necesidades educativas especiales por aula.

Aquellos términos que se empezaron a acuñar entrada ya la segunda mitad del siglo XX cada vez tienen más presencia en los colegios: normalización, autodeterminación, calidad de vida, integración, inclusión, etc; hasta el punto de encontrarnos con un presente muy esperanzador para TODOS/TODAS las alumnas, sea cual sea su condición, y también desconcertante para muchos docentes que, de la noche a la mañana, se enfrentan a multitud de “nuevos” niños que antes no tenían. TDAH, TEA, TEL, dislexia, disortografía, discalculia, disgrafía, dislalia, mutismo selectivo, disarmonías evolutivas, innumerables síndromes y trastornos, plurideficiencias, y así hasta un sinfín de palabrejas y siglas que llenan nuestras clases y que son alumnos, y no etiquetas, que merecen toda nuestra atención y nuestro buen hacer como profesionales de la educación. Los niñ@s con necesidades educativas específicas de apoyo educativo son aquellos que necesitan un apoyo en un momento puntual: el niño que sufre un problema visual pasajero y se le adaptan materiales y las condiciones que le rodean para que acceda como todos al currículum; o a lo largo de toda su escolaridad: niña con síndrome de Down, síndrome de Asperger, etc; y hoy en día casi todos los niños (a excepción algunos niños con graves plurideficiencias) tienen cabida en el sistema educativo ordinario. Pero esto, por desgracia, no siempre ha sido así.

La trayectoria de la educación especial ha sido muy lenta y sinuosa y, desde el siglo XVI con los esfuerzos del fraile benedictino Pedro Ponce de León, pasando por la primera ley de educación del año 1857, hasta el año 1970, pocos han sido, a mi juicio de ver, los cambios significativos en esta rama de la educación. Como comentaba, la primera ley de instrucción pública española promulgada en 1857, conocida como Ley Moyano, propuso la creación de escuelas para ciegos y sordos, pero al margen de esos, no se atendía la escolarización de otro tipo de discapacidad y éstos no recibían instrucción. Los denominados retrasados, anormales, subnormales, débiles mentales, idiotas, imbéciles, bobos o tontos permanecían encerrados en sus casas, alejados de toda vida social, y en el peor de los casos eran abandonados.

Pero a pesar de que algo se había conseguido, fueron siglos de pocos avances educativos: creación de escuelas de sordomudos aquí o allá, reales decretos para la ayuda de ciegos y sordos, introducción del Braille como método oficial de lectura y escritura para ciegos españoles, creación del patronato nacional de Anormales…  Los años transcurrían con este tipo de alumnado al margen del sistema educativo (a excepción repito de ciegos y sordos) y con una intervención educativa escasa y prácticamente limitada a tareas asistenciales; la triste realidad es que no se escolarizaban.

Y así llegamos hasta el año 1970 y la Ley General de Educación, donde, por primera vez en una ley educativa, se contemplaba la educación de TOD@S “sin exclusión”. A partir de esta ley se empieza a hablar de educación especial y ésta se entendía como una modalidad específica fuera del sistema ordinario, y a pesar de las limitaciones representó un avance importante para la educación especial y se conformó además un nuevo tipo de profesor: el maestro de pedagogía terapéutica (PT). En el año 1978 con la Constitución se habla de la educación como un derecho de tod@s los españoles; en 1982 nace la LISMI (ley de integración social de minusválido) y ya en 1985 sale a la luz el Real Decreto de Educación Especial por el cual se empieza a hablar de la integración de la educación especial en el sistema educativo ordinario. Ese es el año clave: 1985 supuso el año del principio del cambio dentro de la educación.

En un principio se pensó que el mero hecho de “traspasar” los alumnos desde los centros específicos a los centros ordinarios bastaría para que se diera por sí sola la propia integración, pero la realidad es que a raíz de eso surgieron problemas que aun hoy en día tienen vigencia: la falta de un proyecto educativo, la falta de experiencia previa de los centros en la educación de alumnos con NEE (necesidades educativas especiales), actitudes y expectativas negativas de profesores, falta de formación de estos últimos, adaptaciones curriculares descontextualizadas o muy alejadas de lo que hacía el resto, etc. En consecuencia el alumno con NEE está físicamente en el aula ordinaria pero poco a poco se va convirtiendo en un elemento de distorsión, o en alguien que está ahí pero no se sabe qué hacer con él. Incluso puede llegar a agobiar al docente y tener mala conciencia, sensación de fracaso para con él, llegar a rechazar la diversidad, etc.

Pero la realidad es que estos alumnos están ahí y son parte de nuestro día a día y no se puede mirar hacia otro lado o llegar a casa y sentir que podíamos haber hecho más por ellos. Es cierto que cada vez hay problemas más complejos y que se duda de que esos alumnos deban o no estar en ese aula. Pero llegados a este punto, no creo que nos corresponda a nosotros dudar o no de su presencia, nos corresponde ofrecer respuestas, ya que, siempre siempre se puede hacer algo.

Una de las frases que he recogido a lo largo de mi formación y que me acompaña en mi quehacer profesional es aquella que dice que “la dis-capacidad es nuestra in-capacidad para ver las capacidades de aquellos a los que llamamos discapacitados”. Estamos tan obcecados en ver lo que hace mal, lo que no sabe hacer, su incapacidad, su déficit… que nos olvidamos de equilibrar la balanza y de ver las cosas que sí puede hacer y las que sí le podemos exigir.

La labor de todos los profesores con este tipo de alumnado es dura, es un reto al que debemos enfrentarnos con una actitud positiva y con esperanza ya que si les ofrecemos oportunidades, ellos responderán mas allá de lo que nuestras ideas preconcebidas creían.

Las personas, al igual que las aves, son diferentes en su vuelo…pero iguales en su derecho a volar”

Twitter