ENSEÑAR A AFRONTAR LOS PALOS

Autor: Carmen Guerenabarrena
Licenciada en Humanidades por la Universidad de Navarra.
Diplomada en Historia del Arte y Magisterio en Educación Primaria por el Centro Universitario Villanueva.
Ha desempeñado su labor profesional en Bilbao en diversos lugares y empresas.
Ha colaborado en actividades de clubes juveniles.
Ha trabajado en el colegio Sierra Blanca .
Fuente:

Original para sontushijos

Los padres quieren, a toda costa, que loshijos no sufran nunca.

 

Tras ver la película “Al frente de la clase”, en la que un niño utiliza su enfermedad como trampolín hacia la consecución de sus objetivos, de sus ilusiones, uno se plantea si la vida y la adolescencia con los “dolores y sufrimientos” que ésta lleva consigo: el sentirse incomprendido, pensar que el mundo está en contra de uno… puede ser, para los adolescentes, una escuela de vida, de valores, un arma que puedan usar como impulso hacia lo que en un futuro quieren conseguir.

Hoy en día vivimos una época en la que los padres quieren, pretenden a toda costa y a cualquier precio, evitar el sufrimiento a sus hijos y muchas veces optan, para evitarles crisis psicológicas, dejarles hacer lo que quieren, no llevarles la contraria, e incluso ponen ellos la cara para recibir “sus bofetadas”. ¿Ayuda esto a los hijos y adolescentes? O, mejor dicho, ¿Ayuda a la sociedad? ¿Estamos haciendo de ellos personas fuertes y valientes capaces de enfrentarse a situaciones difíciles, personas con capacidad para sacar la sociedad adelante y  ponerse “el mundo por montera”?

Nuestros abuelos, nuestros padres y todas aquellas personas que hoy en día tienen una vida madura y plena, son personas que durante su vida han sufrido baches y contratiempos por las circunstancias, y han aprendido muchas veces “a base de palos”. Al igual, de alguna manera, que el protagonista de la película “Al Frente de la clase” que, a pesar de que la vida le ha dado un palo tremendo, como es el tener una enfermedad que no tiene cura y que no puede controlar, sale adelante apoyándose justo en lo que debería ser su peor enemigo.

“Esos palos” que nuestros padres y que nosotros hemos sufrido y por medio de los cuales hemos aprendido tanto, ¿por qué tratamos de evitárselos a toda costa a nuestros hijos? Es una realidad que el instinto de protección existe y más cuando uno es madre o padre, pero ¿por qué algo que sabemos que es bueno porque  les ayuda a ser más fuertes y a madurar,  aunque duele y porque duele, les es negado a ellos?

Ese afán proteccionista, que hace de los niños y adolescentes de hoy seres más vulnerables, no tendrá fin hasta que los padres no reflexionen y sean conscientes de que las generaciones anteriores son así y  han logrado tener una vida tan plena, justamente, porque nadie les ha regalado nada; porque ellos han tenido que “sacarse las castañas del fuego” y aprender a sobrellevar las pequeñas dificultades del día a día. Una vez seamos conscientes de esto, seremos realmente capaces de ayudar a nuestros hijos a apoyarse en esos palos y reveses como trampolín hacia la consecución de algo mejor. Las cosas que nos han sucedido en la vida nos han conformado de una manera, nos han llevado a ser lo que ahora somos: personas fuertes que intentan, cada día, ser mejores. ¿Por qué evitar ese tesoro a nuestros hijos?

 

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