MI HIJO EMPIEZA A ESTUDIAR Y NO SÉ QUE HACER

Autor: Juan Pablo Fernández Castiella
Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Navarra.
Maestro en Lengua Extranjera Francés por la Universidad Pontificia de Salamanca.
Director de Formación del colegio Alcaste-Las Fuentes y profesor de Primaria.
Coordinador de comunicación y gestión de la disciplina escolar en Primaria.
Fuente:

Sontushijos

Los estudios de mi hijo pequeño.

A menudo me encuentro con padres de alumnos entre 8 y 9 años que vienen al colegio a preguntarme cómo deben estudiar sus hijos tal o cual asignatura. Otra posibilidad es que vengan en tono de súplica y queja señalando que sus hijos no saben estudiar, que tienen que estar con ellos todo el tiempo y se desesperan porque no saben cómo orientarles. 

A este tipo de conversaciones suelo responder que es lo normal. Lógicamente un padre o madre con esta inquietud no se queda conforme con una respuesta así. De este modo trato de hacerles ver que es lo normal porque hasta ahora nunca han estudiado y no saben hacerlo. Estamos pues, ante un momento clave del desarrollo como estudiante del hijo, ya que todo lo que sembremos ahora, lo recogeremos o lo recogerá él más adelante. Estamos ante el momento en que deben asentar una serie de bases que a larga deben convertirse en hábitos. Es una responsabilidad del niño, tenga la edad que tenga, y que debe asumir cuanto antes.

Es frecuente encontrar alumnos que tienden a no hacer nada en clase, pues al llegar a casa van a repasar absolutamente todo lo que se supone que han hecho en clase. Esta buena voluntad de algunos padres es totalmente contraria al desarrollo que debe seguir un alumno. Les quitamos una responsabilidad que deben asumir y estamos retrasando de alguna manera su proceso madurativo. 

Nos pueden ayudar las siguientes reflexiones:

Lo primero que debemos preguntarnos es si nuestros hijos cuentan con un lugar adecuado para realizar los deberes escolares y estudiar. Su lugar de estudio es como el despacho de un profesional que necesita el material adecuado, una silla y una mesa acorde con la edad (por ejemplo una silla en la que le cuelguen las piernas provocará mayor cansancio además de malos hábitos saludables de posturas). La luz y el entorno facilitan la predisposición al trabajo.

Es importante fijar un horario para las tareas escolares y tratar de respetarlo durante la semana, al menos de lunes a jueves. Durante este tiempo trataremos de favorecer el clima de trabajo. Por ejemplo no pondremos la televisión en la sala de al lado, no encenderemos la radio o pasaremos el aspirador. En este punto, hay que luchar, pues habrá situaciones, quizá hermanos más pequeños que les distraemos con la televisión. Si esta batalla la ganamos, estaremos enseñando a los más pequeños que el tiempo de estudio y deberes es muy importante y por eso hay que respetarlo.  Lo mismo que a los adultos nos molestan las interrupciones, el sonido del teléfono o un grito cuando estamos realizando tareas que requieren atención y concentración.

Así como la hora de inicio debe ser fija, la de final puede variar. La tendencia será acabar a una hora concreta, nunca antes, pero por necesidades puede alargarse. Si tenemos orden y somos constantes, la hora de final será más o menos la misma siempre. 

En un rato de estudio hay muchas cosas en juego. Un rato de estudio aporta fortaleza, constancia, paciencia, afán de superación, orden, responsabilidad... por lo tanto, si tratamos de asentar estos hábitos en los hijos, les estaremos educando y estaremos contribuyendo a su formación como personas humanas con valores y virtudes. Por eso, el horario es importante. Es normal que al llegar a casa tiendan a descentrarse un poco y relajarse mientras meriendan, pero la hora de inicio no debe negociarse. Tener una hora fija de estudio aporta puntualidad, orden y fortaleza. 

Antes de empezar a estudiar y sobre todo al principio, les tendremos que ayudar a planificarse el estudio. Cuánto tiempo vamos a necesitar hoy, cuánto para los ejercicios de matemáticas, cuánto para estudiar las preguntas de ciencias, cuántos exámenes anunciados tenemos y desde cuándo vamos a empezar... Aunque al principio se equivoquen en los cálculos, les estaremos ayudando a conocerse mejor y poco a poco irá siendo más eficaz su estudio. Se recomienda empezar por el estudio antes de los deberes, pues la capacidad de atención es limitada y los deberes exigen menos concentración.

Una buena herramienta a la hora de planificar es el uso de una agenda escolar. Sin embargo, como tal es una herramienta más que no a todas las personas les sirve. Precisamente, como está demostrado que ayuda y facilita el trabajo, trataremos que nuestro hijo la utilice, para ello tendremos que exigirla todos los días en casa y preguntarle a él qué deberes tiene hasta que creemos en él el hábito. 

Durante el tiempo de estudio les animaremos a hacer una primera lectura comprensiva, la atención en clase es fundamental y este primer punto no generará ningún problema si el chico aprovecha bien las clases (conviene estar en contacto con el colegio para ver cómo está siendo su aprovechamiento de las clases). En segundo lugar trataremos de ayudarle a identificar las ideas fundamentales quizá con un subrayado, con un breve resumen o esquema. No olvidemos que se están iniciando en el estudio y tendrán que descubrir su método de estudio y las distintas técnicas. Y, por último, llegará la memorización. Al principio les costará más, pues deben ir desarrollando poco a poco la memoria, sin embargo, si hay comprensión de los conceptos, este paso será más sencillo. 

Por último llegará el después del estudio. La autoevaluación. Es bueno estar pendientes de las notas de los exámenes escolares para reflexionar sobre la metodología de estudio. En estos casos es importante reconocer que los trabajos bien hechos y preparados merecen alabanza independientemente de que la nota no acompañe. 

Siempre existe la posibilidad de realizar algún plan de motivación extra que ayude al hijo a afrontar de una manera positiva el estudio. Realizarle unas tarjetas de visitas, un carné de conducir, un plan de puntos que en definitiva y durante una temporada faciliten la adquisición del hábito.

No quería terminar el artículo, sin señalar la importancia del ejemplo de los padres. A estas edades, los padres son claras referencias y los niños se fijan en todos los detalles aunque no nos demos cuenta. Por eso, debemos estar al tanto de cuál es la actitud que tenemos ante nuestro trabajo profesional. De cómo afrontamos los lunes y cuáles son los comentarios al respecto o ante un periodo de vacaciones por ejemplo. Si nos mostramos demasiado efusivos, estaremos diciendo al niño que estamos deseando dejar de trabajar. Aunque esto sea cierto, podemos hacer ver al niño que el descanso merecido es fruto de un arduo trabajo.

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