¿PUEDEN LOS PADRES GENERAR TALENTO?

Autor: Patricia Gómez

Licenciada en Químicas, ha trabajado como profesora y como directiva en varios centros educativos.

Orientadora familiar y Vicepresidenta de COFAB.

Es madre de familia numerosa.

Fuente:

Sontushijos

Los padres no podemos mantenernos al márgen.

Hace unos días leí en la web de UNIVERSOUP un interesante artículo de José Antonio Marina “Como ganar la guerra por el talento”.

En dicho artículo se describe el talento como “inteligencia que triunfa” en su doble aspecto personal y social. Se analizan también los rasgos del talento personal: proactividad, pasión por aprender, creatividad, capacidad de evaluar y virtudes a la hora de actuar - como el esfuerzo y la perseverancia -.

Estos rasgos sacan a la luz una cuestión que a menudo se ha visto ignorada: en la guerra por el talento los padres no deberíamos estar en la retaguardia, sino en primera línea de combate.

Hay quien piensa que hacer crecer el talento es tarea de la escuela, pero esto es verdad sólo en parte. En clase los alumnos aprenden contenidos y adquieren competencias. Los primeros, evidentemente, exceden las posibilidades educativas de los padres, que somos incapaces de enseñar a nuestros hijos todo lo que necesitan saber en el terreno puramente académico. Las competencias, en cambio, siendo tan necesarias como los contenidos, disponen en el ámbito familiar de un escenario ideal para su crecimiento.

Los Hábitos Mentales del profesor Art Costa son un buen ejemplo: la persistencia, la empatía, el pensamiento flexible,… son metas muy difíciles de alcanzar si se trabajan únicamente en el colegio, y sin embargo son constitutivas del talento, en su significado más estricto.

Cualquier docente tiene la experiencia de que una vida familiar armónica y unos padres implicados a fondo en la educación de su hijo son un factor de éxito más poderoso que el hecho de poseer un coeficiente intelectual elevado.

En palabras de Matt Ridley , “los genes están diseñados para seguir los consejos de lo adquirido”.

En la actualidad estamos sufriendo en  nuestra sociedad la epidemia de la sobreprotección, la cual, entre otras cosas, impide la creación de talento.

Cada vez que realizamos una tarea que nuestro hijo es capaz de realizar por sí mismo, cada solución que le proponemos a un problema que él podría resolver, estamos privándole de una oportunidad de crecer y en nuestro bienintencionado afán de facilitarle la vida corremos el riesgo de convertirle en una persona sin  autonomía, que se hunde ante los fracasos, lo que los psicólogos llaman “escasa resistencia a la frustración”.

Por el contrario, generamos talento cuando confiamos en ellos, fomentamos su iniciativa, les corregimos con cariño, aunque les duela, dejamos que se equivoquen y aprendan también de sus errores.

Si queremos que nuestros hijos adquieran los rasgos del talento mencionados al principio del artículo, es necesario, desde que son pequeños, tener unos objetivos claros para cada uno, poner los medios para ayudarles a conseguirlos, y acompañarles con nuestro esfuerzo por seguir creciendo nosotros mismos, sin excusarnos en la idea de que somos adultos y no nos queda nada por aprender.

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