MIRAR A LOS OJOS

Autor: José María Contreras
Licenciado en Biología.
Dedicado desde siempre a la formación de personas, tanto en la empresa como en centros educativos. 
Diplomado en Pedagogía y PDD en el IESE. 
Fruto de su experiencias ha podido publicar más de una docena de libros y ha colaborado en distintos medios de comunicación. Padre de tres hijos.
Fuente:

Texto tomado del libros "Pequeños secretros de la vida en común". Con autorización del autor.

Pequeños secretos de la vida en matrimonio

En las relaciones de pareja, los estados de ánimo tienen gran importancia. Además, la huella que dejan los sentimientos es más profunda que la que se tiene con el resto de los mortales. Esa sensación de alegría, cuando uno cree que ha agradado a la otra persona, es única. También única es aquella de signo contrario, que se nos muestra, emotivamente extraña, asentándose en el interior del pecho, cuando uno se siente maltratado o tiene discrepancias o broncas con la otra persona.

También son emociones que hacen que, lo pasemos peor o mejor que el resto.

Parece evidente que no hay que dar una excesiva importancia a las emociones negativas, porque son pasajeras. Además, no indican el estado en que se encuentra una pareja, un matrimonio. Es más, se podría decir que éstas son inevitables. La convivencia es así.

Quizá alguna vez se pregunte uno acerca de cómo va su matrimonio o la relación con su pareja. La contestación es posible que adolezca de falta de profundidad, porque no hay muchos datos -o incluso ninguno- para decir que mal, pero tampoco hay especiales manifestaciones para decir que bien.

Ante una perspectiva así se suspende el juicio y la vida sigue. Quizá con la sensación de que la situación es claramente mejorable.

Una vez leí que sí había un indicador. Lógicamente no mide nada, porque estas cosas no son medibles, pero marca la pauta: mirar a los ojos.

Si uno puede mirar a los ojos a la pareja y mantener la mirada, las cosas van bien. Cuando uno no resiste una mirada a los ojos continuada, profunda, es que hay algo que no va. Cuando no la resisten los dos, es que hay algo que no va en los dos. Son cómplices en el no ir. Tanto en uno como en otro caso, es el momento de hablar.

Quizá sea un buen baremo y fácil de utilizar: mirar a los ojos.

 

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