NIÑOS FELICES II

Autor: Saioa Orueta

Diplomada en Educación Infantil.

Profesora de Euskera del colegio infantil Umedi (Bilbao).

Fuente:

Sontushijos

Deseamos que los niños sean felices.

 

La pasión y equilibrio

Nerviosismo y expectación, risa y alegría, satisfacción y regocijo, decepción y tristeza. Todo esto forma parte de las emociones.

Los niños necesitan encontrar formas de consolarse a sí mismos y recuperarse de los disgustos de la vida. El equilibrio emocional significa mantener la calma en momentos de tensión, estar tranquilo y centrado en situaciones críticas. Para potenciarlo es necesario que expresen todas sus emociones animándoles a que lo hagan de forma sosegada y regulada, debemos ofrecerles orientación y consuelo. La comprensión es imprescindible para alcanzar el equilibrio.

Los niños de entre uno y dos años y medio pueden expresar todas las emociones: firmeza, alegría y felicidad; tristeza, enfado y frustración. Todas ellas continúan desarrollándose.

Cuando se hacen mayores aprenden a sobrellevar la frustración aprendiendo a ser paciente y respetar el turno.

Con la llegada del juego simbólico los niños aumentan su repertorio emocional y su capacidad para regular las emociones con los juguetes expresan firmeza, miedo, cariño y empatía. Aprenden a controlar los miedos y los sentimientos fuertes.

Existen cosas que podemos hacer para que se sientan más cómodos con todo el espectro de emociones: amor, alegría, dolor, frustración, ira, agresión, competición y vergüenza. Podemos darles las herramientas necesarias  para que aprendan a centrarse cuando se vean desbordados por sentimientos poderosos.

Es de vital importancia que podamos identificar los recursos personales que tienen los niños para superar con éxito las dificultades de la vida.

No caer en la sobreprotección, habitualmente se tiende a evitar el sufrimiento a los niños ya protegerlos en exceso en  vez de enseñarles a resolver sus propios conflictos.

Tanto la acción como la inacción de los adultos tiene influencia en los hijos, aunque no sea decisiva.

Tres puntos:

1        Aceptar la expresión manifiesta de cualquier tipo de emoción. No hay que asumir algunas emociones como buenas o negativas. Los adultos no debemos dar por hecho que los niños tienen que ser obedientes y dulces todo el rato. Y que no deben llorar, ni disgustarse, ni tener miedo o preocuparse. Lo único que haremos es provocarles más miedo, inquietud o convertiremos en seres incapaces de dominar sus miedos y angustias.

2        Ofrezcamos estructuras, consejos y unos límites.

3        Es muy positivo conocer las diferencias individuales y las nuestras  propias

La autoconciencia y la autoestima

La autoestima es una característica muy importante para todos los niños. Es el sentimiento básico de sentirnos bien con lo que somos, pero desarrollarla no es fácil. Se adquiere a medida que van superando obstáculos por ellos mismos.

Cuantos más sean los retos a los que nos enfrentemos y superemos, a medida que vayamos creciendo, y cuanto más sean conscientes de estas victorias mejor se sentirán con ellos mismos. En ocasiones se equivocaran o fracasaran.

El niño al que se le da todo y se le ayuda siempre no puede sentar las mismas bases solidas para la autoestima que un niño que tenga que conseguir las cosas con su propio esfuerzo.

El sentimiento de compromiso, cariño y placer en los demás es la base de la autoestima.

Potenciar la autoconciencia y la autoestima

1.      No le inundemos de elogios, realizar observaciones que le permitan saber si está actuando bien o mal o si debe intentarlo con más fuerza

2.      Nuestro interés y alabanzas sean honestas y sinceros

Por tanto, miremos y escuchemos con atención toda y cada una de las cosas interesantes, creativas y divertidas que hacen.

3.      Elevar el listón de los objetivos. A medida que se sienta más orgulloso de las buenas cosas que realiza, también irá adquiriendo conciencia de sus debilidades y malos comportamientos

Integridad moral- empatía

Son las experiencias que vive con nosotros, y no lo que decimos que debe hacer, las que llevan al niño a aprender qué es la empatía y a preocuparse por los demás. Si les escuchamos respetuosamente incluso cuando son hostiles, se porten mal y estén enfadados, les ayudaremos a templar sus sentimientos.

La única forma de aprender a ser empático es siendo tratado con empatía.

Hablemos sobre el cómo y el por qué de sus acciones y de los sentimientos que se esconden tras ellas. Que vean en nosotros al policía bueno, que se interesa en comprenderle y ayudarle para evitar que lo haga de nuevo.

Cuando pongamos los límites de esta forma, estamos modelando nuestros valores. Estaremos educando a un niño que podrá controlarse, que querrá seguir nuestras directrices y que se preocupará por él mismo y por los demás. Querrá mejorar.

NOTAS

La imagen que tienen los padres de sus hijos, sobre todo durante los primeros años, es la imagen que luego tienen ellos de sí mismos. Los padres construyen la imagen que los hijos tienen de sí mismos. Si tú no le valoras, él tampoco se valora.

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