Son Tus Hijos | Escuela de Familias - EDUCACIÓN DIFERENCIADA

EDUCACIÓN DIFERENCIADA

Si ustedes me preguntaran —lo que ya es mucho presumir, perdónenme la inmodestia retórica— sobre lo que opino acerca de la educación diferenciada por sexos (como yo mismo recibí en mi juventud, en los jesuitas) les diría, que, como casi todo, y a mi discutible juicio, tiene ventajas e inconvenientes. Nadie puede dudar que cuenta con ardientes defensores, y no solo en España, sino que constituye un dato de la excelencia en la educación por toda Europa, con apoyo público por cierto. Exhiben informes técnicos independientes que avalan sus resultados medidos en términos de mérito y capacidad. Ahora bien, no cabe omitir que, con frecuencia, resultan colegios con alto nivel en sus alumnos, que hace la estadística menos generalizable si se quiere. Por el contrario, tampoco faltan los detractores, sobre todo basados en motivos sociales, que recomiendan la igualdad y la integración como valores pedagógicos supremos. Soy de los que piensan que ninguno de los polos tiene un alcance absoluto y que deberían aceptarse ambos, tratando de corregir los inconvenientes y poniendo en alza sus aciertos. Me parecería un error monumental imponer universalizadamente una escuela diferenciada, pero también considero intolerante borrarla del escenario. El argumento social se convierte a menudo en ideológico, y no pocas veces sectario, cuando quiere abrazarse como único modelo útil de conducta. Eso se puede hacer por muchos caminos, como, por ejemplo, ahora se intenta revocando el concierto concedido a los centros educativos donde se practica. Además, es una torpeza, pues la lacra del elitismo, con que tanto se les moteja, se verá muy acentuado sin duda con medidas de semejante cariz. La hipocresía es palmaria: primero se les retira el concierto y luego se les tacha de un elitismo que así se provoca. Por si fuera poco, se utilizan vericuetos políticos para negar lo que la Constitución afirma rotundamente: son los padres los titulares del derecho a la educación y los poderes públicos deben prestarles su apoyo, pero nunca oponer boicot.

Buena prueba de cuanto afirmo consta en las numerosas Sentencias de Tribunales de Justicia (incluido el Supremo) que avalan la constitucionalidad de la práctica, para que ahora se reviertan las tornas. Incluso es más sangrante si se retira el concierto sin dato nuevo alguno, máxime cuando se perpetra por la solicitud de ciertos sindicatos, que, con un ejercicio de maniqueísmo impresionante, parecen dedicarse más a perseguir a los legítimos disidentes que a mejorar las condiciones de trabajo en los empleados.

Mientras tanto, la educación secundaria constituye un verdadero drama en nuestro país. No hay más que asomarse a los informes internacionales del mapa educativo para ver el lugar de cola que ocupamos. Desde la malhadada LOGSE vamos dando tumbos en una materia en la que nos jugamos simplemente nuestro futuro: la formación de las nuevas generaciones, la lucha contra la profunda crisis de valores que padecemos, los emergentes modelos sociales que debemos asumir, la ciencia y la investigación como uno de los pilares del nuevo sistema económico. Causa espanto ver que los debates se centran en si se pasa de curso con 3 ó 4 asignaturas suspensas y la dichosa Educación para la Ciudadanía. Además, hemos diseñado un sistema educativo realmente caleidoscópico, en el que conviven, gracias a las competencias transferidas a cada Comunidad Autónoma, 17 fórmulas distintas, sin coordinación, con un ejercicio de potestades más que discutible, donde los intereses exclusivistas, cuando no provincianos, vencen sobre los generales, lengua incluida.

En el caso de Asturias, el impulso político de nuestros responsables gubernamentales tampoco permanece a la zaga. Constituye un conjunto de remedios que confunden los deseos con la realidad y con un dirigismo insoportable. Así, el Consejero de Educación inauguró el curso con la esperpéntica idea de que debía de crecer el éxito de los estudiantes en 1%. El aprobado por Decreto cumple los peores presagios que uno podía imaginar: la educación convertida en metas comerciales. Aunque admita su buena voluntad, resulta errática por completo. No podremos llevarnos a engaño si el fenómeno contagia también a la Universidad. Dirán lo que quieran los promotores de la iniciativa, pero Bolonia encubre la incapacidad de asumir en los estudios superiores la correa de transmisión de una Secundaria que pocos se atreven a plantearse con rigor y sentido de la responsabilidad. Reivindiquemos el estudio y la memoria, el esfuerzo, el mérito, la disciplina y, entonces, la capacidad llegará sola.

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