Son Tus Hijos | Escuela de Familias - "EL BEBÉ NECESITA ATENCIONES, EL NIÑO LIMITACIONES Y EL ADOLESCENTE RAZONES"

"EL BEBÉ NECESITA ATENCIONES, EL NIÑO LIMITACIONES Y EL ADOLESCENTE RAZONES"

Autor: Carlos Goñi y Pilar Guembe
Pilar y Carlos están casados y son padres de 2 hijos.
Pilar es pedagoga y trabaja como profesora y orientadora.
Carlos es doctor en filosofía y escritor.
Llevan más de 20 años dedicados a la enseñanza.
Juntos imparten conferencias y asesoran en temas educativos.
Fuente:

Gaztelueta al día

"Claves para hablar con nuestros hijos adolescentes"

 

Para empezar la entrevista, me gustaría que nos situáramos en qué es un adolescente. Cómo definimos al adolescente y la etapa vital por la que atraviesa.

Se lo preguntamos a un adolescente y nos dio esta definición: "la adolescencia es una enfermedad que pasan los padres cuando sus hijos tienen entre 12 y 18 años". Lo que indica que, desde el punto de vista de los hijos, son los padres los que durante esa etapa están "raros" o, como se suele decir, en la "edad del pavo". Nosotros decimos que la adolescencia se parece a un embarazo en cuanto que cada adolescente lleva en su interior un ser que ha de nacer a la vida adulta, ese ser es él mismo. No es de extrañar, pues, que se sienta raro, que no sepa lo que le está pasando, que se sienta inseguro, desconcertado, confundido, que tenga cambios de humor...

El conocimiento, el aprendizaje de cómo son y el trato con ellos, empieza desde que nacen. ¿De qué manera se modifica o adquiere nuevos matices en esta etapa de la adolescencia?

El bebé necesita atenciones; el niño, limitaciones, y el adolescente, razones. No podemos educarlos de la misma manera que lo hacíamos cuando eran pequeños; ahora tenemos que adaptarnos a su situación y cambiar de estrategia: hablar mucho con ellos, argumentar las decisiones, hacerles reflexionar, pactar, convencerlos no vencerlos, y, sobre todo, seguir estando ahí. Hemos de dejarles tomar decisiones y que se equivoquen, pero sin abandonarlos a su suerte: tienen que notar que estamos a su lado y de su lado.

En sus charlas y en su libro 'No me ralles' inciden mucho en la actitud de los padres, en cualidades como saber mantener la calma, tener paciencia y comprensión; ¿No les parece que estas virtudes favorecen, en el diálogo con los adolescentes, algo tan importante como la escucha? Me gustaría que nos hablasen del valor de la escucha activa.

La clave de todo es la comunicación. Si no escuchamos a nuestros hijos, no nos enteraremos de lo que hacen, de lo que piensan y de lo que sienten, y así, es imposible educar. Una vez más, es necesario estar ahí, que significa no dar por terminada nuestra labor educativa porque nos parezca que ya son mayores o porque resulte más difícil en esta etapa, sino estar atentos, más atentos que en otras etapas, para asistir a ese paso a la madurez que se está gestando. Realmente muchos adolescentes no se sienten escuchados por sus padres, se quejan de que sólo hablan con ellos para echarles alguna bronca o contarles batallitas. Si alguien no te escucha, para qué le vas a contar lo que te pasa, para qué vas a hablar con él. Los adolescentes tienen mucho que decir, necesitan hablar.

Son muy ilustrativas las imágenes que utilizan en sus escritos y en sus charlas, al hablar de la vida de nuestros hijos como "una ruta que emprenden", en la que nosotros los padres tenemos que proporcionarles "la brújula", con sus instrucciones de uso. ¿Cuál sería esa "brújula" tan necesaria para que no se pierdan o si lo hacen, sepan rectificar el camino?

La adolescencia es un viaje de exploración fascinante, pero en el que se corren muchos peligros. Desde que formamos una familia tenemos que tener muy claros nuestros valores y transmitirlos a nuestros hijos. Esos valores marcarán el Norte de su vida y orientarán toda nuestra labor educativa. En la adolescencia, esos valores formarán la base, como en un tentetieso (esos muñecos imposibles de tumbar), y, por muchos bandazos que den (que los darán), siempre acabarán derechos. Muchos chicos y chicas salen a flote en el maremágnum en el que se hallan gracias al peso de esas convicciones. Parece mentira, muchas veces el peso nos saca a flote.

En su libro No me ralles, hablan de la importancia no sólo del mensaje que transmitimos sino de la manera de transmitirlo. ¿Qué podemos hacer los padres para acertar en el lenguaje que empleamos con ellos y que de esta forma el mensaje les llegue claro?

Ante todo, debemos tener claro que nosotros somos los adultos y ellos están por educar, aunque parezcan mayores, por lo tanto, deberemos tener cintura y aceptar sus formas (dentro de un límite), pero no caer nosotros en lo que pretendemos corregir. Así, hemos de afrontar con calma el conflicto, si lo hay, comenzar siempre nuestras charlas con un comentario positivo, tratar un solo tema cada vez (no querer hablar de todo ya que te tengo aquí), no prejuzgar ni poner trampas, respetar su intimidad, primero escuchar sus razones, sus motivos, sus circunstancias, hablar de lo que observamos no de los que nos parece, no etiquetarlos, buscar las causas inmediatas no las remotas, dar oportunidad a que se desahogue, nunca llevar a cabo acusaciones ni agresiones, no pretender tener razón en todo, tener presente que la perfección no existe, establecer pactos, hacerles ver que estamos en el mismo equipo y decirles que les queremos. Seguro que así funciona.

Y para acabar, me gustaría que nos hablasen de ¿Cómo podemos hacer los padres para respetar sus propias decisiones aun no compartiéndolas?

Don Quijote afirma que los hijos son "pedazos de las entrañas de sus padres", pero eso no significa que sean algo suyo. Es fin de los padres dejar crecer a sus hijos, convertirlos en personas. Pero la persona es libre, por lo que hemos de respetar sus decisiones, aunque eso no significa que estemos de acuerdo y así se lo hemos de hacer saber. Es muy importante enseñarles a utilizar su libertad, para ello, lógicamente, deberemos educar en la libertad, dejando que tomen decisiones cuando son más pequeños y haciéndoles ver que en la otra cara de la libertad está la responsabilidad, que siempre pasa factura. Poco a poco, la libertad irá aumentando, a la par que la responsabilidad. Tiene sus riesgos, claro está, pero su vida la tienen que vivir ellos. Como decía la madre Teresa de Calcuta: "enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo... enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida". Los padres hemos de dar a nuestros hijos dos cosas: raíces y alas.

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