“400 AMIGAS (VIRTUALES) Y ME SIENTO SOLA”

Autor: Eli Bengoetxea
Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto.
Máster en Dirección de Empresas Educativas, y Máster en Asesoramiento Familiar.
Ha trabajado como Directiva y profesora en varios centros educativos impartiendo clases a adolescentes.
Ha llevado la Dirección técnica y de Formación de distintos centros educativos.
Fuente:

Adaptado de un artículo publicado en "Mujer Hoy" de I. Menéndez

Cuando el apego a las redes sociales es excesivo... tenemos un problema

“Se puede llegar a tener cientos de conocidos a través de las redes sociales que tanto tiempo ocupan en la vida de los jóvenes y de los adolescentes…Pero, ¿qué vínculos une a estas amistades virtuales? ¿Pueden aliviar la sensación de soledad o, por el contrario, podrían estar al servicio, en algunas ocasiones, de evitar los conflictos que una relación personal cara a cara puede promover?

Lo que valoran los adolescentes de sí mismos es la popularidad y, para conseguirla, necesitan tener amigos. Las redes más visitadas por este público son Facebook, MySpace, Tuenti y Twitter. El propio creador de una de ellas, Facebook, Mark Zuckerberg, era un chico tímido en sus relaciones personales, pero consiguió con su invento muchos contactos. Nuestra identidad en esta etapa de la vida no puede entenderse sin amigos, pero la amistad virtual no es equiparable a la real. Los adolescentes lo saben, pero sus compañeros de la Red forman parte de una contabilidad fantástica. Para ellos, el anonimato y la intimidad ceden antes el deseo de fama y popularidad.

En general, lo que buscan es una señal de reconocimiento. La idea que subyace es que cuantos más amigos se tiene, más reconocido se es. El grado de popularidad es directamente proporcional al número de contactos. El fenómeno provoca una señal de acompañamiento, que no se corresponde con la realidad, pues hay adolescentes con muchos contactos que se sienten solos. Se podría decir que de esta forma llenan a veces un vacío, en el sentido de que siempre está en comunicación con alguien, aunque no se le conozca.

Cuando el apego a las redes sociales es excesivo, nos encontramos ante una personalidad donde el yo no está suficientemente integrado y busca el contacto social por encima del personal. Necesita consolidar la identidad a través del contacto grupal, búsqueda que se convierte en primordial durante la adolescencia. Una pantalla atractiva y un teclado suave están disponibles para proyectar el mundo interno, para colocar las marcas de la propia historia… esperando encontrar un vínculo que sirva para llenar lo que necesita, un buscar y rebuscar hasta creer encontrar en el juego de las presencias y ausencias lo que se desea. Estos vínculos funcionan para algunos como el mundo imaginario de la infancia, cuya presencia calma y da seguridad, como el trapito suave o el osito de peluche utilizado en la niñez, un objeto externo que siempre está a mano y hacia el que se desplaza la inseguridad interna.

Las redes sociales constituyen una excelente herramienta. Su buen uso facilita la vida moderna y permite mejorar los vínculos reales, pero también pueden servir para huir de la realidad”.

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