LA IMPORTANCIA DE CONSOLIDAR LOS HABITOS

Autor: Nuria Sarriugarte y Fátima Ondoño
Profesoras de educación infantil.
Colegio Ayalde.
Fuente:

Sontushijos

Comienza la educación de las virtudes.

La etapa educativa que corresponde al segundo ciclo de primaria, más concretamente a tercero de primaria es sin duda el periodo óptimo para la educación en virtudes. Esta edad en que se encuentran (8-9 años), es el “momento de oro” de los periodos sensitivos que debemos aprovechar para trabajar con exigencia y constancia el orden, la responsabilidad y la fortaleza como virtudes fundamentales para conseguir personas íntegras y humanas. En este sentido es imprescindible entender la importancia de la acción conjunta entre familia y colegio.

En primer lugar procuraremos que adquieran hábitos que favorezcan el orden. Es importante hacerles ver que el orden y la limpieza hacen más agradable el lugar donde nos encontramos, que el orden se puede mejorar si nos lo proponemos y animarles a hacerlo.

El orden “físico” ha de ser una consecuencia de la armonía interior de la persona que sabe ordenar sus ideas y sabe dar prioridad a las cosas que realmente son importantes. Conviene dar pautas concretas para ayudarles. Es importante que dediquen cada día unos minutos a ordenar sus materiales de trabajo, revisen su agenda, y organicen sus deberes y su tiempo de estudio. Debemos entender que los deberes son su responsabilidad y que nosotros sólo deberemos supervisar que cumplan con ésta tarea diariamente. Así mismo, es importante animarles a que revisen sus cuadernos de trabajo, y a que se pongan pequeñas metas de mejora. Cuando puedan realizar mejor un trabajo, es importante que se den cuenta y exigirles la rectificación oportuna. Les ayudaremos a organizar sus tareas según el tiempo de que dispongan. Les inculcaremos la constancia en el estudio y a terminar lo que empiezan superando las dificultades que surjan.

Educar la fortaleza no es una tarea fácil. Intentaremos conseguir que aprendan a llevar las dificultades sin quejarse excesivamente de lo que no les gusta, del cansancio, calor, hambre … sabiendo que sólo son incomodidades pasajeras. Es importante que aprendan que las cosas que merecen la pena no se suelen conseguir al primer intento y que es necesario ser constantes para lograr lo que nos hemos propuesto. Les enseñaremos a tener paciencia cuando no salen las cosas como queríamos. Deben aprender a enfrentarse al “fracaso” y superarlo. Para educar en la responsabilidad es conveniente que los niños tengan encargos en casa y en el colegio, y conseguir que los cumplan con eficacia y constancia.

El valor de la perseverancia será imprescindible para conseguir que repitan los patrones de conducta que hemos acordado con ellos. No aceptar “el olvido” como excusa, será ayudarles en la consecución de sus metas.

No debemos olvidar que las normas que les exijamos deberán ser pocas, claras, dictadas por el afecto, formuladas en positivo y coherentes. Intentaremos inculcarles, tanto en casa como en el colegio, que no existen “fórmulas mágicas”, sino una lucha diaria aderezada con grandes dosis de esfuerzo. Es justamente el esfuerzo lo que les llevará a ser personas fuertes y luchadoras y a entender la fortaleza como una virtud necesaria para vencer la pereza, que a veces les impide sentarse a estudiar cambiando esta actividad por otras más “tentadoras” y fáciles de elegir.

Es además un momento ideal para trabajar con ellos la generosidad. A estas edades se encuentran dispuestos a colaborar, y cumplir bien sus encargos y ayudar a su familia y a sus compañeros debe ser entendido por ellos como un acto de generosidad a la vez que de responsabilidad, puesto que es darse a los demás, perdonando, ayudando y colaborando.

Por último, hay que animarles a ser sinceros, explicándoles con cariño pero firmeza los inconvenientes de mentir y la importancia de afrontar los errores; de contar incluso lo que no les deje en “buen lugar”, esto es, de ser coherentes entre lo que dicen y hacen evitando excusas y tratando de rectificar con positivismo y alegría.

Nuestra labor en estas edades como hemos visto es determinante. Familia y colegio deben apoyarse y ayudarse con afán y dedicación, pero al mismo tiempo con la ilusión de saber que estamos formando personas responsables y humanas que sabrán superar en un futuro las dificultades, con esfuerzo y firmeza y que valorarán, sin duda, nuestra dedicación y empeño con nuestras dificultades y errores pero siempre, desde el cariño y el respeto.

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