¿MALEDUCAN LOS ABUELOS?

Autor: Pilar Susperregui Virto
Diplomada en Magisterio con especialidad de Música en la UPV y especialidad de Infantil en la UNED.
LLeva 13 años ejerciendo de profesora en el Centro de Educación Infantil Erain-Txiki de Irún.
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Original para sontushijos

          Cuando uno navega por Internet y se encuentra  con un artículo interesante no duda en hacerlo llegar a los que tiene más cerca. En este caso, quiero dedicar especialmente a todos los abuelos que con su labor incansable e insustituible están contribuyendo a sacar adelante a tantas familias.

           El papel que desempeñan los abuelos respecto a sus nietos hoy día, es obvio; basta con acercarse a la salida de un colegio para ver cuántos son los abuelos que van a recoger a sus nietos.

          En todo caso, poder tener algún abuelo cerca de su nieto es alentador en todos los sentidos ya que esto aporta y enriquece en ambos sentidos. ¿De qué manera?:

  • Pueden ocuparse de los niños cuando para los padres es imposible hacerlo. Esto beneficia a las dos partes porque por un lado los abuelos se sienten más útiles, considerados y valorados y los niños se enriquecen de sus experiencias.
  • Pueden transmitir la fe, que los padres a veces llevados por una vida un tanto ajetreada, tienden a omitir este aspecto, así como los valores familiares que ayudan a mantener el vínculo entre generaciones. Las historias de familia les encantan a los niños y fomentan su desarrollo psicológico.
  • Pueden aprender de sus nietos, acercándose más a las nuevas generaciones y aprendiendo a usar nuevas tecnologías por ejemplo.

          En primer lugar, la responsabilidad sobre la educación y la formación de los hijos recae sobre los padres y esto es indelegable. Son ellos los que han de plantearse las principales líneas educativas, los hábitos y valores humanos que desean exigir a sus hijos.

Ciertamente, los abuelos pueden apoyar esta tarea, pero nunca deben permitir que delegue en ellos.

          Otro punto diferencial es la disponibilidad, que puede ser también el origen o la excusa para que recaigan en ellos deberes que no les corresponden. Los abuelos disponen de más tiempo que los propios padres sí, pero, habrá que analizar hasta qué punto se les “responsabiliza” en su función.

          Será necesario valorar cómo y cuánto podrían dar de sí los abuelos respecto a la atención de sus nietos, teniendo en cuenta el estado de salud físico- psicológico, si los niños son algo que les atrae o por el contrario, algo que les supera, para poder delegar en ellos en una justa medida.

          Cuando se les confía el cuidado de los niños durante períodos desproporcionados, es comprensible que el niño acabe confundido. Los niños perciben enseguida que es más fácil entenderse con los abuelos, porque quizá van a un ritmo más pausado, porque no recae en ellos la responsabilidad educativa y no están continuamente exigiéndoles. Todo esto provoca una complicidad, una relación especial donde los padres quedan fuera de juego.

          La clave de todo está  en que hay que  tener en cuenta que la función de los abuelos no es la de educar a los nietos. Si unos y otros saben estar en su sitio, no hay peligro de que hagan del niño un pequeño caprichoso y consentido.

          Si a los padres mismos ya cuesta resistirse a los regalitos y ruegos de sus pequeños, no puede extrañar que  los abuelos sean aún más débiles ante ellos.

          En no pocas ocasiones, uno se percata de que cuando abuelos-nietos están juntos, la disciplina que tanto esfuerzo cuesta mantener a los padres, sufre un relajo importante. Por eso cuando llega a preocupar podemos llegar a pensar que ¿los abuelos maleducan?...

          En términos generales, la respuesta es negativa, aunque hay que tener en cuenta un importante matiz: Los abuelos no maleducan, si el papel que cumplen con sus nietos es – simple y llanamente- el de abuelos.

          El  peligro de que los abuelos maleduquen a los nietos no existirá mientras los niños no alberguen dudas de dónde reside la autoridad. Precisamente, lo natural es que los abuelos les consientan pequeños caprichos que los padres no toleran e incluso que les mimen.

          Lo importante es que los padres conserven su protagonismo, que sean ellos mismos los que lleven las riendas de las exigencias y los hábitos a fomentar en cada etapa del desarrollo de sus hijos.

          Distinto es que los abuelos permitan al niño hacer trastadas, como romper cosas etc. Que ellos no sean responsables de su educación no significa que deban desentenderse. Desde la privilegiada posición los abuelos tienen la posibilidad de plantear otros puntos de exigencias distintos y complementarios a los que proponen los padres. Por ejemplo cuando comen con la abuela, sabrán ingeniárselas para que ésta le haga patatas fritas en lugar de guisantes, pero... intentarán seguir sus pautas sobre la forma de empuñar la cuchara.

          Son detalles que quizá en el día a día los padres dejen en segundo término, para poder enseñar a sus hijos las cosas elementales y necesarias  y que conscientes de ello, al mismo tiempo,  pueden proponer a los abuelos para que cubran  esas“ pequeñas lagunas”.

          Se suele dar el caso también de que el abuelo-a contradiga  las disposiciones de los padres. Esto se puede evitar teniéndoles al corriente del programa de educación que los padres procuran transmitir a sus hijos. Siempre vendrá bien escuchar además sus consejos y si es oportuno, poder aceptar su ayuda y colaboración.

          Es importante que los desacuerdos que surgen entre padres y abuelos no se demuestre delante de los niños. Más vale decirles “mira que eres listo.... ¿eh?, cómo sabes que eso de mí no lo conseguirías”.

          Para concluir, en mi modesta opinión,  el respeto, el cariño y la admiración que se muestre hacia los abuelos, serán siempre la mejor referencia y el mejor ejemplo de lo que en un futuro se pueda esperar y recibir  de los hijos.

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