Son Tus Hijos | Escuela de Familias - EL CHEQUE ESCOLAR EN ELSISTEMA EDUCATIVO ESPAÑOL

EL CHEQUE ESCOLAR EN ELSISTEMA EDUCATIVO ESPAÑOL

Autor: Enrique Marcos

Licenciado en Derecho

Profesor de E.S.O. en el colegio Las Fuentes – Alcaste

Fuente:

Sontushijos

Una posibilidad real en un sistema de libertad de enseñanza.

El comienzo de los bonos escolares se remonta a mediados de la década de los 80, los puso en práctica el Secretario de Educación estadounidense William Bennett, su interés fue motivado por una decisión de la Corte Suprema  en 1985, que negaba servicios sustitutorios para niños de bajos ingresos con desventajas educativas. Bennett trató de establecer un sistema especial de bonos para los pobres, a fin de que pudieran obtener educación donde les fuera posible, neutralizando la decisión de la Corte Suprema que consideró que al ser prestado los servicios educativos por profesores de escuelas oficiales que ingresaban en escuelas religiosas, se producía una violación del precepto constitucional sobre una estricta separación entre Iglesia y Estado. El planteamiento del bono fue el de reivindicar una vuelta al sistema de precios en el mercado educativo, y por tanto la abolición de la educación “gratuita”.

La fórmula del cheque o bono escolar fue también propugnada por Friedman, M. (1962) Premio Nobel de Economía, como fórmula para mejorar la eficacia de los sistemas educativos. Lo que, precisamente, plantea ya este autor es que, si bien es comprensible que los poderes públicos financien la educación básica y obligatoria, no parece tener justificación suficiente el hecho de que tales poderes públicos se erijan en gestores de los establecimientos educativos. Como alternativa, este autor propone que la Administración pública entregue a los padres de familia cupones o cheques de un cierto poder adquisitivo para cada hijo en edad escolar: estos cheques serían utilizables por los padres como medio de pago de la educación de sus hijos, y serían abonados a los centros escolares que los padres eligieran.

El derecho a la educación no existe plenamente si no existe un auténtico pluralismo escolar, a dicho pluralismo se puede llegar mediante la implantación del cheque escolar, también denominado bono escolar, que representa una suma de dinero, válida únicamente para comprar educación, y que se otorga a los padres de todos los niños en edad escolar. Es canjeable en la escuela elegida por la familia, el bono o cheque escolar podría representar una parte o la totalidad del costo de educar al niño en las escuelas públicas.

No parece lógico que por ejemplo las personas con más ingresos reciban los mejores frutos de un sistema de educación estatal financiado por medio de fondos públicos integrados por impuestos que pagan personas de bajos ingresos. Hay que tener en cuenta que los ingresos fiscales de los que se financia la educación no provienen únicamente del impuesto sobre la renta, sino que las personas con menos rentas también pagan por la educación cada vez que consumen leche, repostan gasolina, compran tabaco, etc. Al conceder los bonos a las familias de baja renta para que con ellos pudieran financiar la educación de sus hijos, alcanzando así la categoría de consumidores en el mercado junto con otras familias de mayores ingresos. Como señala Hernazgómez de Mateo “La verdadera subvención al consumidor debe ir al bolsillo del consumidor y no al establecimiento, porque las subvenciones al establecimiento pueden ir dirigidas y pueden limitar la libertad de elección.”[1]

Una de las posibles soluciones podría ser la de los denominados cheques o  bonos escolares, ya que ofrece libertad a los padres para elegir el modelo educativo que desean para sus hijos mediante la transferencia de la cantidad que corresponde a sus hijos al centro educativo que ellos elijan. Al fin y al cabo, la Constitución establece que quién tiene derecho a la subvención no son los centros, sino los alumnos. El cheque escolar es la garantía de la total libertad

La primera estrategia a tener en cuenta es la desgravación fiscal. Los padres que eligen un centro no financiado directamente por el Estado pueden deducir de sus impuestos una parte o la totalidad de los gastos escolares.

La segunda solución clásica se conoce con el nombre de “bono o cheque escolar”: A los padres que eligen una escuela privada, se les conceden unos bonos por una cantidad calculada sobre un porcentaje del costo correspondiente del alumno en una escuela pública. El bono puede ser cobrado por los centros reconocidos.  Dificultad que se agrava en las familias de escaso poder adquisitivo, impidiendo la matriculación en el centro privado escogido. Pienso que los que se oponen al cheque escolar (o, si se prefiere, a la desgravación fiscal) se colocan en el campo de los adversarios de la libertad. Yo creo que con el cheque escolar se está defendiendo la libre elección de centro, la mejora de la enseñanza, la redistribución de los recursos públicos y una educación compensatoria, en la que se reduzcan las diferencias sociales. La ayuda escolar permite a los niños de familias menos favorecidas acudir a escuelas que, de otro modo, no estarían a su alcance.

Que se busque un sistema educativo de calidad, en el que coexistan instituciones públicas y privadas,  entre las que los padres puedan libremente elegir entre cada uno de los proyectos educativos de cada centro. Si éstos quedan bien concretados podemos decir que la escuela está más próxima a los deseos de los padres, y por tanto a las necesidades de los alumnos. Si se les niega este derecho vulneraríamos algo muy íntimo, vital dentro de las decisiones que se deben tomar en  una familia.

En un sistema de libertad de enseñanza, en el que los padres eligen la escuela de sus hijos, es toda la sociedad civil la que asume la responsabilidad educativa. Juzgar a los padres incapaces de tales decisiones es una grave y mala interpretación de los principios que rigen una democracia. ¿Por qué se les juzga incapaces de responsabilizarse en este campo, cuando lo son manifiestamente en otros aspectos de la vida social? Los padres ejercen plenamente su responsabilidad en la elección del centro escolar de sus hijos. El ejercicio de esta elección, que representa también una forma de supervisión de la calidad pedagógica de la escuela, es un acto de responsabilidad individual y cívica. En el profundo debate suscitado en torno a este tema han aflorado algunas de las ventajas que el sistema podría suponer, a saber:

* Reducción del gasto público, a la vez que mayor disponibilidad real de recursos económicos para los centros.

* Facilidad de ajuste a las necesidades de los clientes o usuarios de los centros.

* Acomodación del funcionamiento de los centros a las apetencias de los propios usuarios.

* Estimulación de la iniciativa de los centros para atraer alumnos y mejora de la calidad.

* Acomodación de los gastos reales de los centros a su funcionamiento concreto.

* Mejoría en los propios centros de la relación coste y resultados.

El cheque escolar supondría un 0´6%  del total del gasto educativo de cada Comunidad Autónoma, yo considero que lo único que faltaría sería sembrar una concienciación social y política a favor de la libertad educativa, con un único objetivo que cualquier persona, con independencia de su nivel de renta pueda enviar a su hijo al centro que prefiera, es una herramienta a favor de la equidad y de la libertad en la que los más beneficiados serían aquellos con rentas más bajas.

La importancia del derecho a la educación lleva a destinar una parte de los impuestos de los ciudadanos a financiar la enseñanza, en beneficio de las familias con hijos en edad escolar. Los poderes públicos siguen ese mandato social y pueden hacerlo de modos muy diversos: en España se hace con un sistema de conciertos económicos con los centros privados;  también se podrían establecer otras fórmulas que garanticen la igualdad de oportunidades y la libertad de elección por parte de las familias como podría ser el cheque escolar.


[1] Hernazgomez de Mateo, José luis, “Con el cheque eliges tu”, en cheque escolar.org, a las 21.00 horas del 9 de Septiembre 2006

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