PREMIOS Y CASTIGOS

Autor: Ana García Paja

Diplomada en Educación infantil.

Profesora de inglés de Ayalde Ikastetxea.

Tutora 1º Educación infantil

Fuente:

Sontushijos

Conviene saber que...

No conviene abusar del  castigo porque tiene muchos efectos negativos:

1.- Suele surtir un efecto inmediato, pero momentáneo, lo que dará lugar a que se repita la conducta castigada.

2.- Los padres, al notar que el castigo surte  efecto en el momento que lo aplican, se sienten recompensados y tienden a castigar cada vez más y cada vez con mayor energía.

3.- El niño va aprendiendo cada vez mejor a hacer sus fechorías (aprendiendo a ocultarlas). No mejora su conducta, pero aprende a evitar el castigo.

4.- Va haciéndose insensible a los castigos. (Como mecanismo de defensa ante ellos). ¡Cuántos padres comentan que el niño parece tomar a broma los castigos!

5.- Sean o no físicos los castigos, estamos induciendo un aumento de la agresividad. Les mostramos que “cuando estamos enfadados con alguien, es bueno ir contra él”, Hay castigos “morales” (p.ej., inculpar) que pueden hacer tanto o más daño que un castigo físico, provocando una mayor agresividad en el niño/a.

6.- El castigo solo es ineficaz para encauzar el comportamiento. Enseña al niño lo que no debe hacer en lugar de lo que se debe hacer. Cuando se utiliza aislado sin el equilibrio de refuerzos positivos para conductas adecuadas, no enseña al niño cómo reemplazar la mala conducta por otra más aceptable.

En lugar de los castigos es mejor utilizar las recompensas (premios).

Los premios que mejor funcionan son los más inmateriales: el elogio, la atención, el afecto, la compañía, suelen ser los más económicos y rentables.

El hecho de que “algo” pueda o no ser premio  dependerá de la especial motivación de cada niño, la cual puede variar de un momento a otro.

Los premios hay que aplicarlos en el mismo momento en que se produce la acción que queremos recompensar. Si los posponemos, ya nadie se acuerda de para qué se han establecido.

No es necesario recompensar cada vez. Al principio quizá si sea necesario, pero más adelante es mejor recompensar de vez en cuando (cada 2, 3 ó 4 veces), sin que el niño pueda predecir cuándo van a hacerlo. (La forma de aprender de los humanos muestra que las recompensas “poco previsibles” provocan aprendizajes más fuertes que las previsibles. Ej., la lotería, las máquinas tragaperras).

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