LA PÉRDIDA DE LA FE EN LOS ADOLESCENTES (II)

Autor: María Olabarri
Licenciada en Historia.
Profesora y Coordinadora de formación en Bachillerato en Ayalde Ikastetxea.
Fuente:

Original para sontushijos

Útil para padres con hijos adolescentes.

 

Aunque en el artículo anterior, me atrevo a señalar que, según mi experiencia, la principal causa de la perdida de la fe de los jóvenes que reciben una educación cristiana en el colegio, es la falta de práctica religiosa de los padres, es indudable que también jóvenes de familias seriamente cristianas tiene problemas de fe o se abandonan en su vida espiritual.

Para esos padres preocupados por ayudar a sus hijos a superar esta crisis, escribo algunos consejos:

-Es importante no dramatizar esta situación ya que es normal que personas inteligentes al llegar la adolescencia se planteen dudas de fe. Es lógico que quién empieza a pensar de forma crítica tenga inquietudes sobre verdades que no están al alcance de su inteligencia o sobre criterios morales que no coinciden con lo que hoy día se considera políticamente correcto.

-La religión no debe ser un tema tabú en el ambiente familiar. Con naturalidad conviene hablar con los hijos de Dios, de las noticias que ofrecen los medios de comunicación sobre la Iglesia. Los padres no tienen porque ser “neutros”, ni deben sentirse invasores de la intimidad o de la conciencia de sus hijos cuando les transmiten valores cristianos. ¿Quién mejor que un padre o una madre para proporcionar a su hijo una educación moral y religiosa que considera segura y valiosa?

-La labor de educar en la fe a los jóvenes requiere por parte de los adultos mucha formación. De la misma manera que hemos dedicado varios años a prepararnos para desarrollar nuestra profesión, no es exagerado que nos preocupemos por formarnos para dar siempre una respuesta razonada y competente a los que se interesan por nuestra fe.

-Para eso existen magníficos recursos. Tantas páginas de Internet (www.arguments.es que utilizan tantos profesores y catequistas) o libros inteligentes  y sencillos como el que estoy leyendo actualmente “La fe es razonable” de Scott Hahn, un converso estadounidense, del que se publican muchas obras en español en los últimos años.

-Hay que tener en cuenta que con frecuencia el origen de la falta de fe, está en una vida alejada de Dios y de los sacramentos. Cuando se pierde la amistad con Dios y se difiere el recibir su gracia, es fácil que la inteligencia quede algo velada y encuentre dificultades para entender verdades sobrenaturales o el porqué de algunos mandamientos.

-Es razonable, no es un atentado contra la libertad, exigir a los hijos menores de edad que asistan a la Misa del domingo o  a la clase de religión del colegio. Mientras los hijos son menores, los padres tienen la grave responsabilidad de proporcionarles la formación integral que consideran necesaria para su desarrollo personal.

Aunque los padres no sean capaces de dar respuesta a todas las dudas de sus hijos y no consigan “convencerles” de la certeza de las verdades de fe, es importante hacer ver que la fe es un acto de confianza en Dios. Creer siempre supone dar un salto en el vacío y atreverse a saltar no es propio de personas poco racionales. Pretender entender todas las verdades religiosas con nuestra capacidad humana, supone pensar que Dios cuenta con una inteligencia tan limitada como la nuestra. Si no somos capaces de comprender los descubrimientos de tantos científicos, resulta imposible que desentrañemos con nuestro entendimiento la esencia de Dios o sus planes.

Un último consejo: la mayor luz que podemos aportar a la fe de nuestros hijos es nuestra oración –arma imbatible- y el testimonio de nuestra propia vida. Como nos enseñó  Pablo VI “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio” y Juan Pablo II  añade “Por consiguiente, hoy son decisivos los signos de la santidad: ésta es un requisito previo esencial para una auténtica evangelización capaz de dar de nuevo esperanza”. (1)

Este es el mayor y más importante reto que se nos plantea a la hora de transmitir nuestra fe a las nuevas generaciones.

 (1) Exhortación apostólica  La Iglesia en Europa.  Juan Pablo II

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