Son Tus Hijos | Escuela de Familias - MOTIVEMOS Y REALCEMOS A LOS PROFESORES DE NUESTRO HIJOS

MOTIVEMOS Y REALCEMOS A LOS PROFESORES DE NUESTRO HIJOS

Autor: Isidoro Tapia
Ingeniero Inspector Naval y Auditor de Calidad de Empresas Navieras e industriales.
Durante más de 25 años ha estado periódicamente asistiendo y colaborando en la organización de cursos de Orientación Familiar.
Ha realizado el Programa Master en Educación bajo la dirección del IEEE y el Curso de Postgrado MEF del IESF (Instituto de Estudios Superiores de la Familia) de la Universidad Internacional de Cataluña (U.I.C.) sobre Matrimonio y Educación Familiar.
Fundador y Presidente en Vizcaya del Grupo de Estudios de Actualidad (GEA BIZKAIA).
Casado y padre de cinco hijos.
Fuente:

Sontushijos

Además de justicia; una necesidad para la sociedad.

 

En un centro educativo, en un colegio, donde nuestros hijos comienzan sus estudios muy tempranamente, hasta que se supone que están preparados para estudios superiores, podríamos presuponer que alumnos, profesores y padres se integran en una unidad de intenciones cuya finalidad es hacer de los alumnos, unas personas integras para la sociedad.

Tengo la opinión que de estos tres componentes que buscan una misma finalidad en la educación, su orden de importancia no son principalmente los alumnos.

Primeramente la importancia de los padres es esencial, ya que el tipo de educación elegida por ellos para sus hijos, y que la practican en sus propios hogares, debe estar en armonía y concomitancia con la educación que reciben en el colegio.

En segundo lugar de importancia en esta cadena educativa están los profesores, que comulgan con el estilo y forma educativa propia del colegio y del ente promotor del colegio (sea este el que fuere, publico y/o privado) al que los padres se adhieren en libre elección.

Los alumnos, “la materia prima”, se integran en el tercer componente en orden de importancia.

Padres, profesores y alumnos constituyen una comunidad en la acción global educativa del colegio, que siendo realizada específicamente, en principio, para los alumnos, revierte en los padres y profesores, como vasos comunicantes, debido a la constante unidad de educación y criterio colegio-familia y familia-colegio. Ambas partes se autoperfeccionan en muchos aspectos. Si los padres no colaboran tenemos una imperfecta mesa de dos patas

La periódica relación padres-profesores por la educación de sus hijos fortalece el perfeccionamiento personal de cada uno, redundando en la ecuación de los hijos.

He querido hacer este prologo para poder elegir y honrar a uno de estos tres componentes que integran esa finalidad educativa que le pedimos al colegio donde tenemos a nuestros hijos. En otro escrito podré reflexionar sobre que se les pide a los padres, en detalles puntuales, en relación al colegio. Pero ahora mi elección es hablar del Profesor, y tratar de honrar su trabajo, con una mínima colaboración de los padres..

Dado la situación actual de la Sociedad, en la que por razones de espacio no voy a referirme, pero que todos los padres conocemos, el colectivo que esta sometido a mayor estrés por razones profesionales, y que después redunda en su propia vida familiar, son los profesores de enseñanzas de niños y adolescentes.

Si los padres no colaboramos con los profesores de nuestros hijos, será un colectivo que paulatinamente ira decreciendo, dado las connotaciones de profesión de riesgo en que se esta convirtiendo.

De la competencia profesional, del esmero que pongan en el ejercicio de su función, del ejemplo de vida que den a sus alumnos, del espíritu de conducta que les mueva en sus actuaciones, del tiempo y atención que se destinen así mismo para su propio mejoramiento como profesor, dependerán los frutos de la labor que desarrolla.

El desarrollo conjunto, en esta dirección, de todo el profesorado de un centro educativo conseguirá potenciar, día a día, la acción educadora conjunta del colegio, que también los padres de esos alumnos persiguen, si están involucrados en la misma dirección.

Los periódicos contactos entre padres y profesores se hacen imprescindibles en nuestra colaboración, como padres, en la función que hace sobre nuestros hijos como profesor y tutor.

En educación es más fácil, para los padres, saber lo que no debemos hacer con nuestros hijos, que conocer y ocuparnos en saber como podemos acertar. Al menos es una premisa que me enseñaron variados pedagogos, y que personalmente me ha funcionado como padre de familia numerosa.

El saber que no debo hacer con mis hijos, cuando no están en el colegio, para que mis actuaciones con ellos fuera coherente con lo que le enseñaban en el colegio, me ayudó  de forma irremisible mis periódicos contactos (madre y padre conjuntamente) con los diferentes profesores y tutores de nuestros hijos.

Un artículo como este, por razones de espacio, no da mucho más para escribir, lo que son las virtudes que debe tener un profesor para ejercer su profesión. Diría, en principio que las mismas que para desarrollar cualquier otra. Pero no, además de eso, no debemos olvidar que trabajan formando a niños que después serán adultos responsables para la sociedad. ¿Y cuantos adultos se han estropeado por no haber funcionado en su infancia el binomio familia-profesores?

Creo sinceramente que necesitan un plus extra en sus virtudes, para un más profundo desarrollo e integridad en la labor a realizar, que el común de los mortales. Nosotros los padres, podemos ayudarles a que las desarrollen, a favor de nuestros hijos, si los motivamos y le reconocemos la grandeza de  su labor.

Cuando unos padres (juntitos papa y mamá) frecuentan con cierta periodicidad a cada uno de los profesores-tutores de sus hijos, ocurre algo que he percibido, y que algún que otro tutor me comentó, en nuestros frecuentes contactos, y es lo siguiente:

Os trasmito los sentimientos e inquietudes  de un anónimo, pero existente, profesor amigo:

 “Mirad, cuando tengo contacto con un hijo vuestro, a través de momentos puntuales de clase, enseñándole, corrigiéndole, preguntándole, tutelándole…. (es decir contacto directo) ocurre que en ese momento no estoy viendo solo la situación escolar especifica de vuestro hijo, estoy viendo a la familia que esta detrás de él, a todos sus componentes, vuestras preocupaciones, el interés por vuestro hijo, los otros hermanos….es decir: en mi trabajo como pedagogo estoy viendo una componente global que incide en ese niño, pero que se irradia en todo los componentes de esa familia, por la preocupación y sentimiento de amor que todos tenemos hacia él.

Esto hace, que sin querer disminuir mi atención y profesionalidad  por los demás alumnos,  yo como profesor me implique inconscientemente más. A lo mejor sin darme cuenta, de mi extra implicación sobre ese niño en particular, solo por el hecho de tener mas datos y conocerle mejor, en todos los aspectos, y por colaboración e información de sus padres, del que pudiera tener de otro niño a los que sus padres  me sean desconocidos, o el trato con ellos  no sea de la profundidad que me gustaría, para poder ayudarles mas en mi labor pedagógica y docente en relación a toda la familia.”

Esta reflexión, antes expuesta, se la he escuchado a más de un profesor. La expongo por si creéis que le puede ser a alguien de reflexión y utilidad. Espero no haberme extralimitado por querer ser positivo, y prejuzguemos mal al profesor anónimo. 

Motivemos, ensalcemos, ayudemos a los profesores de nuestros hijos. Nos estaremos ayudando a nosotros mismos, a la familia…y a todo el colectivo de pedagogos.

Personalmente me ha beneficiado mucho mis múltiples contactos con los colegios de mis hijos/hijas. Siempre acompañando a mi mujer

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