Son Tus Hijos | Escuela de Familias - LA IMPORTANCIA DEL JUEGO EN EL NIÑO DE EDUCACIÓN INFANTIL

LA IMPORTANCIA DEL JUEGO EN EL NIÑO DE EDUCACIÓN INFANTIL

Autor: Nekane Martín

Profesora de Primer Ciclo de Educación Infantil en Eskibel  Ikastetxea.

Fuente:

Sontushijos

El juego ayuda a desarrollar las habilidades.

Para un niño, el juego es el aprendizaje de la vida, el futuro de su poder de imaginación, de su capacidad corporal y mental, supone el medio natural por el cual  va adquiriendo los aprendizajes tempranos. Desde que nace, a un niño podemos ayudarle a desarrollar sus habilidades a través del juego. El simple hecho de mover sus manos, sus pies, ya indican su afán por descubrir y aprender. Nosotros (sus padres) mediante actos que resultan atractivos al niños, el movimiento de un simple sonajero, as palmaditas con las manos o cuando le hablamos, estamos desarrollando su capacidad sensorial.

El juego no supone un mero entretenimiento para los niños, tiene unas repercusiones muchos más amplias y, sin darnos cuenta, a través de él, se preparan para el futuro, estimulan todos sus sentidos, enriquecen la creatividad y la imaginación, y sobre todo, aprenden a compartir, esperar, luchar, ganar y perder. Es muy importante que nosotros participemos en su juego, pues además de divertirnos y aprender de ellos, podemos reforzar sus hábitos de trabajo, de orden o de autonomía. Jugar con los hijos supone una ocasión única de disfrutar, de enseñarles, de conocerles y desarrollar en ellos un crecimiento  de todos los ámbitos de su personalidad, así como una relación adecuada de ellos mismos con el entorno que les rodea.

Como padres, conviene aprender a contemplar el juego no como un simple acto de diversión, sino como algo con lo que podemos descubrir su personalidad, interés, defectos o virtudes y poder ayudarles o en su caso corregirles a tiempo. Además es la ocasión de potenciar todo lo que cada niño tiene latente en su personalidad.

El niño vive diferentes etapas, tanto en su desarrollo corporal como a nivel afectivo y cognitivo, y todas estas áreas se encuentras relacionadas entre sí. Por este motivo, es bueno conocer qué tipos de juegos y actividades podemos realizar en cada uno de estos momentos.

En el primer año de vida es recomendable estimular los diferentes sentidos externos: la vista a través de los colores, variación de iluminación en las estancias, juegos de sombras con las manos y movimientos de las mismas dirigidos al área visual del niño; el oído puede estimularse a través de la variedad de sonidos, con música, hablándole con cariño en diferentes tonos o permitiendo un acercamiento a los sonidos medioambientales. En esta edad también es muy bueno aprovechar la hora del baño para estimular el tacto a través de juegos en el agua y el contacto con distintos materiales como las cremas y la toalla. También es bueno permitir que se mueva cuando se arrastra, gira sobre si mismo o gatea.

Cuando comienzan a caminar, en torno a los 12 meses, el desarrollo de su movimiento físico es mayor, y comienza a contemplar el entorno que le rodea desde una perspectiva nueva para él. Se amplía su campo visual y la recepción de estímulos visuales crece, esta situación abre en el niño una curiosidad natural que le lleva a querer tocar y coger todo lo que está a su alcance. 

Con dos años comienzan a disfrutar del juego simbólico, que consiste  en convertir en una actividad asequible a ellos algo que se encuentra en su entorno, aprenden a jugar con aquellas cosas que observan en la vida de los demás: a comidas, tiendas, muñecos, coches, les gusta imitar lo que hacen papá y mamá. En esta edad es bueno que el niños tenga cortos períodos de tiempo en los que sea capaz de jugar sin un adulto a su lado, a través de estos juegos aprenden a concentrarse en una actividad, siendo éste el inicio del camino que les llevará a ser capaces de concentrarse en el estudio futuro. También es frecuente que, con dos años, disfruten haciendo garabatos en un papel, modelando con plastilina,  con construcciones o puzzles; cuando lleven a cabo estas actividades no hay que dirigirles siempre, es bueno permitir que desarrollen su imaginación libremente y que descubran por si mismos el modo en que encajan las piezas.

Entre los tres y los cinco años desarrollan la capacidad de compartir el juego con otros niños de su edad respetando unas normas que todos los que participan conocen.  Es el momento en el que se afianza el desarrollo de su sociabilidad, así como el hábito del orden, y las virtudes de la paciencia y el respeto. En este momento van siendo conscientes de que pueden ganar o perder, y los adultos podemos aprovechar estas circunstancias para enseñarles  que lo importante es formar parte del juego, no solo el resultado del mismo. De este modo les estaremos enseñando que cuando se quiere alcanzar una meta, lo primero y fundamental es el proceso y el esfuerzo que se realiza para ello, no solamente si se alcanza el éxito de lograrla.

Para que el juego sea divertido y educativo, debe de ser variado y de dificultad progresiva, adecuada a la edad de cada niño. El juego permite grandes posibilidades  si los protagonistas no son solo los niños sino también las personas que los rodean, padres, abuelos, profesores,…etc. Consiguiendo de esta manera, nuestro principal objetivo: preparar al alumno para su futuro.

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