“EL GRAN ALCANCE DE LOS PEQUEÑOS SÍMBOLOS”

Autor: Javier Peña
Profesor de Educación Primaria y padre de Munabe Ikastetxea.
Tutor con más de veinte años de experiencia. 
Es miembro de COFAB.
Fuente:

Orginal para sontushijos

Familia y transmisión de la fe.

 

Muchas veces a los profesores se nos hacen grandes preguntas, especialmente en la Enseñanza Primaria: cómo llegar más al niño, cómo conseguir que cuenten en casa más cosas del colegio y de los amigos, qué podemos hacer para que obedezcan a la primera y para transmitirles hábitos que convertirán en valores, cómo ayudarles en su vida cristiana para que conozcan y traten más a Jesús…

Y muchas veces los profesores damos consejos que han funcionado siempre con nuestros hijos o con nuestros alumnos, y que son fruto de una indudable experiencia, personal y del centro educativo; pero muchas veces estos consejos suenan a exigencias de gran implicación de los padres, en tiempo y energía, en la labor educativa, y por esto mismo se pueden presentar como metas inalcanzables.

Por ejemplo, ante la poca ayuda que tenemos del ambiente que nos rodea en la sociedad actual, ¿cómo acercar más a los niños la figura de Jesús? Cito a continuación a Mikel Martínez, un sacerdote bilbaíno, que escribía así una vez:

 “Si hacemos memoria de nuestra infancia, recordaremos cómo en nuestras casas, había bastantes símbolos religiosos. Incluso, antes de entrar, en muchas puertas, se colocaba una placa de latón con la figura del Sagrado Corazón o de la Virgen María. En el vestíbulo o entrada solía haber, también, una figura del Sagrado Corazón o una placa de cerámica con la frase: “Dios guarde esta casa” En la cocina podíamos tener un calendario con la figura de San Cristóbal, y encima del armario alguna figura de San Pancracio. En las habitaciones, por regla general, había un Crucifijo en la pared, a la cabecera de la cama; y en algunas, además, una imagen de la Virgen encima del tocador, o de la mesilla. Ante la presencia de todos aquellos símbolos, los niños nos sentíamos invitados a preguntar a nuestros padres sobre esas figuras y su significado; y ellos – sin darse cuenta- con sus respuestas se convertían en nuestros catequistas, y nos iniciaban a la fe cristiana. Por tanto, la propia casa se convertía en medio para que la fe entrara por nuestros ojos y oídos como la cosa más natural del mundo. Hoy, en cambio, resulta difícil ver símbolos religiosos en los hogares. Y si no hay símbolos, es difícil que los niños pregunten por ellos, y que los padres tengan ocasión de responder a sus preguntas. La desaparición de los símbolos religiosos de los hogares no impide la transmisión de la fe; pero tampoco la propicia, ni la favorece.

Ahora bien, esta ausencia de las imágenes religiosas en los hogares, ¿es un hecho sin más o es un hecho que apunta a un problema mayor?

Creo que muchos cristianos adultos, podemos evocar la imagen de nuestra madre o nuestro padre, a la noche, sentado en la cama, junto a nosotros, rezando después de habernos acostado. Era un gesto sencillo y cotidiano que, poco a poco, iba calando en nuestro interior. Lo mismo ocurría con otros gestos como ir el domingo a misa, bendecir la mesa en Nochebuena, o subir a Begoña el 15 de agost,… Por tanto, en el seno de la familia, desde las convicciones de los padres y con su ejemplo, éramos iniciados a la fe cristiana. Hoy, sin embargo, cada vez son más los niños que vienen a la catequesis sin haber oído hablar nunca de Jesús en sus casas, y sin haber rezado nunca con sus padres. Este es el problema al que se enfrenta el cristianismo en Europa: Los padres están dejando de transmitir la fe a los hijos. Se está produciendo, por tanto, una ruptura en el proceso de transmisión de la fe. El problema no tiene aún graves proporciones porque son todavía bastantes las abuelas y los abuelos que rezan con los nietos. Pero ¿Qué pasará cuando desaparezca esta generación de abuelos y abuelas?...

Debemos buscar senderos que ofrezcan respuestas a este reto. Un reto nuevo para la Iglesia; pues ninguno hasta ahora, ha tenido semejantes proporciones y profundidad.

Pensando en nuestros hijos pequeños, podemos ir solucionando algunos problemas plantados al principio. Podemos rezar con ellos cuando se vayan a la cama. Debe ser algo sencillo, que nosotros sintamos lo que decimos y que les llegue. También les podemos contar un cuento, hablar con ellos de temas del día. No preguntar demasiado por el colegio, que ya llegará el momento en que ellos nos cuenten porque quieren.

Y lo mismo que nuestro hijo nos mira a nosotros y viceversa, sería bueno que tuvieran en su habitación algún cuadro o estampa de la Virgen, pues siempre es bueno mirar a la cara a la persona a la que nos dirigimos.

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