Son Tus Hijos | Escuela de Familias - LOS PLANES DE ACCIÓN. LOS PREMIOS Y LA MOTIVACIÓN

LOS PLANES DE ACCIÓN. LOS PREMIOS Y LA MOTIVACIÓN

Autor: Juan Pablo Fernández Castiella
Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Navarra.
Maestro en Lengua Extranjera Francés por la Universidad Pontificia de Salamanca.
Director de Formación del colegio Alcaste-Las Fuentes y profesor de Primaria.
Coordinador de comunicación y gestión de la disciplina escolar en Primaria.
Fuente:

Sontushijos

Despertando un deseo de actuar, la motivación viene sola.

Hasta los 10 años es una edad estupenda para asentar hábitos y valores que queremos que alcancen nuestros hijos y que con el tiempo les facilitarán su trabajo y configurarán su carácter. En las escuelas de educación infantil tienen muy claro esto y tratan de reforzar la adquisición de estos buenos hábitos con planes de acción que mejoren la predisposición de los niños hacia el valor correspondiente. Me viene a la cabeza un ejemplo muy extendido como puede ser el de las caritas sonrientes.

Sin embargo, no está tan extendida la continuidad de estos planes de acción a partir de la educación primaria. Es cierto que no debemos fundamentarlo todo en los planes de acción porque tenemos que evitar que nuestros hijos actúen únicamente por los premios o castigos que propongamos. Sin embargo, ayudan y motivan lo suficiente como para ir creando en los niños los hábitos que terminen en virtud.

Los planes de acción pueden ir encaminados a corregir una mala costumbre o bien a asentar unos actos buenos. Con los planes de acción trataremos de motivar al niño dejando claro que motivar no equivale a premiar. Se trata de infundir un deseo de actuar de un modo determinado. Si conseguimos despertar esos buenos deseos en la persona, la educación viene sola.

Recuerdo el caso de un alumno chapucero a la hora de entregar y presentar los trabajos. Llegó así a 3º de Primaria. A partir de ese curso, en alguna asignatura empezamos a premiar la buena caligrafía y la presentación de los exámenes y los trabajos. Este alumno, viendo el ejemplo de otros niños mejoró su caligrafía de una manera sorprendente. El alumno había descubierto por sí sólo la satisfacción de hacer bien las cosas. Desde ese momento, viendo las consecuencias positivas de su esfuerzo, el alumno comenzó a hacerlo en todas las asignaturas convirtiéndolo en hábito, pues lo hacía incluso en los trabajos que no debía entregar.

Quizá queremos que nuestro hijo comience a usar la agenda, lleve todos los libros a casa, se planifique con tiempo los deberes y exámenes, empiece puntual a hacer los deberes u otros asuntos académicos que nos puedan venir a la cabeza. Quizá queramos que en casa echen una mano, se cepillen los dientes, dejen su ropa ordenada, coman de todo y se vayan a la cama a la hora prevista. Para arraigar este tipo de hábitos positivos, podemos concretar algún plan de acción de mejora que de alguna manera les motive para ello.

No podemos pretender que adquieran todo a la vez y tampoco el plan de acción debe ser tan amplio y exigente que al final se convierta en una misión imposible que apenas durará 2 días. Podemos empezar señalando dos o tres cosas que tengan relación y que queremos que mejoren. A continuación nos sentaremos con nuestro hijo (mejor si están presentes tanto el padre como la madre) y pactaremos con él una lista de premios con una puntuación en función de lo que más le guste. Cada día, valoraremos los aspectos que hayamos elegido otorgando una puntuación de 1 (si no lo ha cumplido) 2 o 3 (si lo ha cumplido perfectamente). De este modo, la visión será positiva ya que siempre conseguirá puntos. En función de los puntos podrá elegir al final de la semana uno de los premios que aparecen en la lista. Los premios no tienen por qué ser económicos. Se me ocurren: invitar a algún compañero de clase el fin de semana, elegir la película del viernes, elegir el postre del domingo, tener un rato extra de juego delante del ordenador... No se deben acumular los puntos de una semana para otra. Con el tiempo, si el chico quiere un premio con más puntuación, sabrá que tiene que poner un mayor esfuerzo la semana siguiente.

Para que el plan tenga éxito, requiere un seguimiento diario. Nos puede facilitar hacer una tabla con los días de la semana y las actitudes que queremos que mejore y colgarla en la nevera. A la hora de la cena por ejemplo se pueden evaluar con el chico delante y hacer un recuento de los puntos acumulados hasta el momento.

Dependiendo del niño, el plan durará más o menos tiempo, pero no es bueno alargarlo y prolongarlo en el tiempo ya que no queremos que realice las cosas por los premios sino para adquirir una virtud.

Las claves del éxito de un plan de acción de estas características están en:

1. Que el niño sepa cómo puede conseguir los puntos.
2. Que haya metas a corto plazo (semanales).
3. Que haya un seguimiento diario.
4. Que el plan esté a la vista y sirva como recordatorio.
5. Que no se prolongue en el tiempo.

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