ADICTOS A LA MARCHA NOCTURNA

Autor: Pilar Guembe y Carlos Goñi
Pilar y Carlos están casados y son padres de 2 hijos.
Pilar es pedagoga y trabaja como profesora y orientadora.
Carlos es doctor en filosofía y escritor.
Llevan más de 20 años dedicados a la enseñanza.
Juntos imparten conferencias y asesoran en temas educativos.
Fuente:

Aceprensa

Un estudio sobre el ocio de jóvenes y adolescentes

Pasar la noche entera, o casi, "de marcha" se ha convertido en la opción preferida de ocio para muchos jóvenes y adolescentes, como cualquiera puede observar y un reciente estudio corrobora en España. Tales planes suelen incluir excesos en la bebida, y a veces droga, sexo esporádico, peleas o accidentes. Esto invita a plantearse cómo proponer a los jóvenes otras formas más seguras de divertirse.

El atractivo de la noche

En primer lugar, "la noche se les presenta como espacio para la experimentación".

Les atrae porque diluye los límites y relaja las responsabilidades. No hay control de los padres, no hay que dar cuenta de lo que se hace, todo está permitido. Los defectos se difuminan, se aparcan los deberes y se puede ser lo que no se es durante el día.

Creen encontrar ahí la libertad recién descubierta y la quieren estrenar a toda costa. Les permite bailar, beber, desinhibirse, probar nuevas experiencias, ser otros durante unas horas, relacionarse sin poner en juego nada más que la epidermis... Los tímidos se vuelven osados; los rechazados se sienten queridos; los solitarios, acompañados; los menos agraciados se ven guapos; los inseguros cobran seguridad; los antipáticos parecen simpáticos; los inocentes pierden la inocencia.

El ocio nocturno se resuelve generalmente en una discoteca o un disco-bar. Esos locales están hechos para enmarañar tos sentidos y adormecer la razón y, así, dejar a los chicos y chicas al vaivén de los instintos. Las luces relampagueantes anulan la vista; la música estridente, el oído; el alcohol anula el gusto y el habla; el ambiente cargado, el olfato, y la aglomeración de cuerpos, el tacto. El contacto físico sustituye a las palabras: en una pista de baile hay poco que decir.

Doctor Jeckyll y Mister Hyde

En segundo lugar, los jóvenes perciben la marcha nocturna "como fractura en la rutina cotidiana".

Viven pensando en que llegue el viernes para arrojar todo por la borda y divertirse hasta que el cuerpo aguante. Dividen la semana en dos: los días de labor, donde hay que someterse a la disciplina cotidiana, ir al cole o a trabajar; y el finde o weekend, cuando son libres y dueños de su tiempo.

Todos esos jóvenes y adolescentes viven una auténtica esquizofrenia: son Doctor Jeckyll entre semana y Mister Hyde los fines de semana. Y la verdad es que, en muchos casos, poco tiene que ver la imagen que dan en el aula o en casa con la que muestran fuera.

Se sienten ellos mismos cuando son Mr. Hyde, en esos momentos de ocio donde reina el "buen rollo" y desaparecen las preocupaciones, los deberes, las obligaciones y las normas.

Peligroso viaje de exploración

Tercero, los adolescentes ven el salir de noche "como instrumento esencial en la búsqueda de una identidad personal y grupal".

El adolescente siente que traspasa una frontera que separa dos mundos: el familiar, dependiente e infantil, del social, independiente y juvenil. Si el primer mundo le aporta seguridad, bienestar y afectividad, el segundo le da la oportunidad de correr riesgos, de divertirse y de probar nuevos sentimientos.

Van a la aventura, a ver qué hay, a ver qué pasa. El adolescente que sale de noche busca nuevas experiencias que le ayuden a identificarse a sí mismo. Quiere saber quién es y qué rol le corresponde dentro del grupo, y para eso la noche le proporciona todo un campo de experimentación.

El problema es que ese viaje de exploración resulta peligroso y los adolescentes asumen sin reflexión alguna demasiados riesgos. Embriaguez, drogas, peleas, relaciones sexuales... se ven "por la noche" como actividades ampliamente normalizadas.

Cumplen las expectativas

Un cuarto motivo por el que el ocio nocturno tiene tanta trascendencia para los jóvenes: salir de marcha lo perciben "incluso como oportunidad de ejercicio de los tópicos que la sociedad adulta espera del joven". Se limitan a cumplir las expectativas que los adultos tienen sobre ellos.

Este es el motivo más significativo de los cuatro. Los tres primeros son comprensibles: lo que muchos adolescentes y jóvenes perciben es que esperamos de ellos que hagan lo que hacen.

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