INTELIGENCIA EMOCIONAL

Autor: Aitziber Gutiérrez Sánchez

Tutora del Aula de 2 años sobre la inteligencia emocional.

Haurkabi Ikastetxea.

Fuente:

Sontushijos

Hay tipos de inteligencias.

En los últimos años hemos podido oír hablar de muchas teorías o filosofías de o sobre la educación, pero se podría afirmar que una de las más notables es la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner. Ya que, hoy en día, por desgracia cuando hablamos de inteligencia parece que sólo se tiene en cuenta en muchos casos el coeficiente intelectual, que tanto daño estaba haciendo a la educación.

En esta teoría, dos de las inteligencias que se enumeran son: la intrapersonal, que se podría definir como la capacidad de relacionarse con uno mismo, reflexionar, hacer juicios de las acciones propias, etc.; y la interpersonal, que se asocia a la interacción de cada uno con el mundo. Pero para otros autores como Goleman, era primordial su unión, consiguiendo así la Inteligencia Emocional. De esta manera, Salovey y Mayer apuntan que la inteligencia emocional es “la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás utilizándolos como guía de pensamiento y de acción”. Esta sería una buena definición ya que distingue entre el conocer los sentimientos de uno mismo, frente a la capacidad para percibirlos en los demás, captando así la correcta relevancia que se debe de dar a los sentimientos y emociones.

Son muchas las ideas que se integran en el concepto de inteligencia emocional, pero lo más destacable debería ser que no debemos concebir la idea del “yo” sin el “nosotros” y viceversa, es decir, la inteligencia interpersonal debe ir siempre de la mano de la intrapersonal.

En este ámbito un concepto que nunca podemos dejar de lado en la empatía, que no es más que el ser capaces de ver y sentir lo que sienten los que se encuentran a nuestro alrededor sin la necesidad de que nos lo expresen de una forma verbal. Pero, para poder lograr que nuestros hijos o alumnos alcancen este “status” a nivel emocional, hemos de trabajar como con cada uno de los hábitos que deseamos que interioricen, esto es, repitiéndolo constantemente. Esto lo podemos conseguir con acciones tan sencillas como escuchar con atención aquello que nos cuentan, interesarnos por cómo se sienten en cada momento, valorarlos y potenciar aquellas acciones que queremos que se repitan… Es de vital importancia que así lo eduquemos desde los primeros años para que el día de mañana puedan tener en sus manos las habilidades sociales que les sean necesarias para salir adelante.

Para poder fomentar una “adecuada” inteligencia emocional, debemos dirigir todo nuestro esfuerzo a sacar el mejor partido de nuestros niños y niñas, conquistando sus corazones para que ellos sean capaces de hacerlo con aquellos a los que quieren. Por que nuestro deseo no debe ser conseguir unos hijos o alumnos perfectos sino que sean lo mejor que puedan llegar a ser.