COHABITACIÓN O MATRIMONIO: NO ES LO MISMO

Autor: Patricia Gómez

Licenciada en Químicas, ha trabajado como profesora y como directiva en varios centros educativos.

Orientadora familiar y Vicepresidenta de COFAB.

Es madre de familia numerosa.

Fuente:

Original para sontushijos

Desde un punto de vista antropológico, la naturaleza humana busca un amor que se perpetúe en el tiempo, y el único modo que posee la persona humana de perpetuar su amor es mediante el compromiso.

 Si descendemos a un punto de vista más práctico, un análisis no demasiado exhaustivo de la sociedad occidental nos confirma que el vínculo matrimonial es más conveniente para el hombre, y creo que especialmente para la mujer, que otras formas de convivencia, que aunque se extiendan de modo generalizado, nunca podrán colmar el ansia de felicidad de los hombres.

Por un lado, se oye a veces que el matrimonio pertenece al ámbito de la vida privada. Nada más lejos de la realidad: el matrimonio, que básicamente es la unión de un hombre y una mujer para toda la vida, tiene una importante dimensión social, muy comprensible si se tiene en cuenta la necesidad de estabilidad para el desarrollo armónico de las personas  que nacerán de esa unión.

A pesar de los terribles avances de la manipulación genética, la familia sigue siendo la principal fuente del relevo generacional, y así seguirá siendo probablemente hasta el final de los tiempos, porque afortunadamente será difícil llegar al “Mundo Feliz” de A. Huxley, por mucho que nos apliquemos en “superar” a la naturaleza.

Por otro lado, aunque el matrimonio no consiste en un intercambio de derechos y deberes, es evidente que de la entrega de los cónyuges emanan una serie de derechos y obligaciones que deben respetarse, en pro de la armonía familiar y social.

Sin embargo, tales derechos y obligaciones no son asumidos por aquellas personas que han decidido cohabitar eludiendo cualquier tipo de compromiso.

El principal peligro de la cohabitación es que en general, está destinada a la ruptura, porque a menudo ese tipo de convivencia sucumbe ante las dificultades que en uno u otro momento aparecen en la vida de una pareja.

En el matrimonio la libre entrega de los esposos crea un vínculo que convierte el amor gratuito en amor debido en justicia: los cónyuges comprometen libremente su amor presente y futuro y salvaguardan así la estabilidad de su comunidad familiar.

El ser humano es capaz de grandes heroísmos, pero también está sujeto a debilidades y abandonos: los reveses de la vida, las preocupaciones, el cansancio, influyen negativamente en las personas, que son vulnerables, y puede asaltarles el deseo de incumplir su palabra, de no ser fieles: en ese momento el vínculo matrimonial es un fuerte apoyo y un asidero al que pueden agarrarse para no echar todo por la borda.

S. Agustín demostró un profundo conocimiento de la naturaleza humana al hablar de las razones de bondad del matrimonio: la fidelidad, la indisolubilidad, la fecundidad, no son cadenas, sino propiedades del matrimonio que hacen que este sea bueno para el hombre, habida cuenta de la humana debilidad.

Es bueno para el hombre estar unido en matrimonio y poder así ser fiel, a pesar de las dificultades que surjan, y encontrar la felicidad siendo fiel a sus compromisos y a las personas que ama.

Un estudio de la frecuencia de los malos tratos, abandonos, infidelidades demuestra que estas tristes realidades son notablemente más frecuentes en el caso de las personas que cohabitan. La explicación es que en muchos de esos casos no sólo falta el verdadero amor, sino el respeto y las virtudes más elementales para la convivencia.

En esas uniones no hay entrega, ni se ve al otro como sujeto irrepetible digno de amor en si mismo. Se le ve como un medio, y no un fin, y por tanto se le puede rechazar cuando uno se cansa o tiene una “oferta” mejor.

Esta mentalidad causa mucha infelicidad en las personas que así actúan, pero sobre todo en los hijos que nacen fruto de esas uniones, verdaderas víctimas inocentes de la falta de compromiso y del desamor.

Así, lo que parecía una liberación – la ausencia de compromiso- se convierte en una esclavitud, fuente de no pocos sufrimientos y problemas que trascienden a las personas individuales y afectan a la sociedad: familias desestructuradas, hijos fuera del matrimonio, fracaso escolar, etc,...

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