PREMIAR LOS APROBADOS... ¿ES EDUCAR EN POSITIVO?

Autor: Jaime Gines
Diplomado en Magisterio en la especialidad de Filología Inglesa (Universidad Complutense de Madrid) y Bachelor of Education (Universidad de Gales).
Trabaja como maestro de Educación Primaria desde 1993.
Tiene formación y experiencia profesional en el desarrollo de programas plurilingües, TIC en el aula, enseñanza para la comprensión, aprendizaje basado en el pensamiento, educación temprana y orientación familiar.
Es profesor en Erain ikastetxea
Fuente:

Sontushijos

Como comportarse ante los suspensos y aprobados.

 

Educación positiva VS educación punitiva

A lo largo de mucho tiempo el castigo parecía ser la única estrategia válida para educar con eficacia. La sanción, la reprimenda, el mal genio, etc. eran los elementos fundamentales en los que padres y profesores sustentaban su autoridad.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la educación en positivo ha ido ganando terreno a estos hábitos tan arraigados.

Educar en positivo es convertir la tarea educativa en acciones encaminadas al desarrollo de hábitos buenos y no sólo a la penalización de malas actitudes. Educar en positivo es casi una estrategia de marketing basada en generar una conciencia en la que lo bueno, el Bien, merece la pena y no tanto en cargar las tintas en lo negativo de determinadas formas de actuar.

Los niños están inmersos en un proceso de maduración que progresivamente es más “auto-consciente”, pero especialmente en las primeras etapas, este conocimiento de la propia maduración no existe y recae sobre los adultos la responsabilidad de ofrecer modelos válidos que se muestren atractivos a los ojos del niño. A través de estos modelos y del refuerzo de las buenas actitudes, el niño desarrollará un deseo positivo para actuar de la forma adecuada y correcta porque realmente le merece la pena

Conceptos erróneos de la educación en positivo

→ Educar en positivo es proporcionar premios materiales (por ejemplo, te compro tal cosa si apruebas la asignatura)

Los premios materiales no son la mejor forma de reforzar las buenas actitudes o, especialmente, los buenos hábitos. Un determinado premio en un momento puntual puede ser muy eficaz, pero hay que saber encontrar un equilibrio adecuado para que el niño no acabe pensando que he de hacer tal cosa porque así recibiré algo a cambio o no haré tal otra porque no tengo ningún premio como contrapartida. Además, no debemos olvidar que lo que perseguimos fundamentalmente es el desarrollo de hábitos y no podemos premiar continuamente cada una de las acciones que son fruto de un buen hábito.

Es cierto que, hoy en día, muchos niños están inmersos en sociedades en que lo material ocupa un lugar excesivamente alto en la escala de valores (?). No es fácil ir contracorriente porque, realmente en sí mismo, el tener la posibilidad de acceder a  determinados bienes no es algo negativo, pero se puede convertir en algo dañino cuando se desarrollan actitudes y formas de actuar en las que el tener prima sobre el ser, aunque sea de forma inconsciente, y el esfuerzo y el bien hacer pierden su sentido si no conllevan una recompensa tangible. Premiar con regalos más o menos habitualmente puede hacer que, poco a poco, el niño vaya participando en un ambiente consumista y materialista, provocamos que el apego por las cosas sea cada vez mayor dando cada vez más protagonismo al egoísmo, generamos frustraciones innecesarias cuando no se tiene lo que se quiere, y robamos la oportunidad de la satisfacción de lo bien hecho por sí mismo.

Además, seamos sinceros y realistas, cuanto más le doy al niño, cada vez va a ser más difícil cumplir sus expectativas porque cada vez va a querer más y mejor. Aunque sólo sea por razones prácticas, si nos paramos a reflexionar un poco, y a pesar de que el premio material nos pueda resultar muy efectivo en un determinado momento, nos daremos cuenta de que, a la larga, no merece la pena recurrir a este sistema de gratificaciones.

→ Educar en positivo implica no castigar nunca

El castigo también ha de ser empleado. Debemos ir creando en el niño la conciencia de que todas nuestras acciones tienen unas consecuencias y, en muchos casos estas son negativas. En cualquier caso, lo que debemos es intentar evitar el castigo que surge de nuestra propia desesperación o de nuestro enfado. Debemos también procurar escoger castigos proporcionados y relacionados con la falta cometida. Finalmente, cuando castiguemos es bueno explicar los motivos que provocan la sanción y las razones de la sanción en sí misma, pero habremos de evitar que el niño (cuando ya tiene cierta edad) acabe pidiéndonos explicaciones por todo con una actitud altiva.

Algunas claves para la educación en positivo

A continuación se ofrecen algunos consejos que nos pueden servir de referencia a la hora de orientar nuestra forma de educar en positivo:

- Aplaude las buenas acciones y actitudes de tu hijo.

- Hazle ver lo agradable que es convivir cuando se actúa con corrección y cómo las normas establecidas ayudan a esta convivencia.

- Cuando castigues, evita el mal humor excesivo, las malas palabras o gestos. Procura mantener la calma. Los momentos de crispación no son los mejores para tomar decisiones.

- Permite que tu hijo se de cuenta de que también cometes errores y de que éstos son una nueva oportunidad para aprender y cambiar lo que esté mal.

- Enséñale a valorar el esfuerzo y la satisfacción de hacer las cosas bien, aunque nos haya costado.

- Acompaña tu autoridad de cariño y afectividad.

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