PERO ¿YO CON QUIÉN ME HE CASADO?

Autor: José María Contreras
Licenciado en Biología.
Dedicado desde siempre a la formación de personas, tanto en la empresa como en centros educativos.
Diplomado en Pedagogía y PDD en el IESE.
Fruto de su experiencias ha podido publicar más de una docena de libros y ha colaborado en distintos medios decomunicación.
Padre de tres hijos.
Fuente:

Texto tomado del libro "Pequeños secretos de la vida en común". Con autorización del autor

Pequeños secretos de la vida en matrimonio

En las ciudades pequeñas, en los pueblos, también en grandes ciudades, siempre que se viva en la misma zona, las familias tienden a verse mucho. Hay comunicación con los padres políticos, hermanos y demás parientes.

En grandes ciudades es más difícil. La comunicación con la familia se hace de tarde en tarde, porque generalmente se juntan las dificultades de las distancias, el tráfico y los horarios apretados y largos del trabajo (cuando existe).

Esto trae como consecuencia que en nuevos matrimonios se establezcan una especie de turnos para visitar a los padres de uno y otro miembro que más que liberar en muchos casos son una atadura molesta y un sentimiento de falta de libertad para uno o los dos miembros de la pareja.

Hay que hacer notar que a muchas personas, cuando se casan, les entran más ganas de estar en casa de sus padres que antes de casarse, cuando prácticamente no paraban en casa. Este tema que a primera vista puede parecer un asunto sin importancia puede convertirse en causa de desagrado y de molestia.

Con esto no se quiere decir que no se tenga que ir a casa de los padres. Pero sí que se tenga la con­ciencia de que se ha formado una familia independiente y que en primer lugar está la pareja.

Pensar en el otro es ver qué le puede apetecer en un momento dado y no tirar mucho de la cuerda. No sería bueno llegar a frases fuertes en relación a estos asuntos. «No quieres venir a casa de mis padres. Pues nada, no vamos. Pero a casa de los tuyos tampoco.»

De esa forma se puede crear un problema donde teóricamente no tendría que haberlo. A las personas se les debe dar un período de adaptación, y no dramatizar las cosas.

Aunque siempre se dice que los procesos comunicativos no los soluciona el tiempo, éste concretamente es una excepción. Con tiempo y un poco de habilidad por parte de los dos, no llega ni a ser problema. Para eso habrá que hablar, con franqueza, y sin presuponer que la otra parte va a estar a la contra, y ceder un poco por ambas partes. Así, la pregunta que da título a este artículo no tendrá sentido.

 

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