OTRA VEZ SUENA EL DESPERTADOR...

Autor: Una adolescente
Fuente:

Sontushijos

Reflexiones de una adolescente.

 

“Otra vez suena el despertador, un día nuevo, un día más calentando mi motor para apagarlo de nuevo otra vez cuando llegue la noche, sin haber podido moverme siquiera un centímetro hacia mi meta. Parece que nunca voy a conseguir pisar fuerte el acelerador, correr sonriéndole a la vida y siendo feliz plenamente. Se encuentra muy lejano y casi indivisible el día que me pueda quitar esta venda de los ojos, limpiar la luna de mi coche para ver con claridad y saber la dirección por la que tengo que ir y la meta a la que quiero llegar.

Me doy cuenta de que a mi alrededor hay muchos coches cuyo motor se ha estropeado por la espera, por nunca atreverse a arrancar, y que ahora ruedan sin sentido por la carretera de la vida, a donde ésta los quiera llevar. Pero… ¿por qué tengo yo que ser igual?

Te empeñas en decir que sabes lo que siento, que son hormonas o es la edad, que tú también has sido así y que ya se me pasará con el tiempo. Insistes en decir que no le dé más importancia y que baje los pies a la tierra. Que todo lo cura el tiempo… Pero es extraño que hayas vivido lo que yo estoy viviendo, es extraño, porque parece que ya se te ha olvidado. Sabes que has tenido mis años por el simple hecho de que, si no ahora no estarías vivo, pero... ¿cómo es que no eres capaz de recordar lo que se siente?

¿Por qué me dices siempre que ya pasará, que espere? ¿Es que no recuerdas que lo único que quiero es que no pase el tiempo? ¿Que mi mayor tesoro es mi tiempo y que sin embargo lo derrocho cada día? Que no puedo solucionar mi problema porque no sé cómo, no sé bien qué problema tengo ni a qué solución tengo que llegar. No me digas que me tranquilice ni que no le de tanta importancia. ¿No te acuerdas que tú también te acostabas todas las noches con ese pensamiento en la cabeza y con un horrible nudo en el corazón y en la garganta? ¿No te acuerdas de ese sentimiento de inconformidad, de esas ganas de comerte el mundo, de dedicarte a lo que te gusta, de explotar tu talento y de descubrirlo, de sentirte pleno, de tener ganas de levantarte cada mañana, no como ahora? ¿No te acuerdas de tus rachas largas de días y meses malos? No porque todo te fuese mal, que en ocasiones sí, sino porque había un vacío, un vacío que no podías llenar, que no sabías cómo ni con qué hacerlo.

Pues así estoy yo. ¿Cómo quieres que tenga ganas de sonreír cada mañana si ahora solo quiero llorar y gritar? ¿Cómo pretendes que no me distraiga, que estudie y saque las mismas notas que antes? ¿Cómo pretendes que no me preocupe si mi mundo está patas arriba y nadie pude verlo? ¿Cómo pretendes que me duerma, que me acueste pronto si no soy capaz de dejar de pensar? Si cuando pienso me agobio porque no sé en qué pensar. Estoy vacía y por mucho que hables no vas a conseguir llenarme.

Así que te pido por favor que no me pares, que me dejes andar a veinte por hora para así poder ir con el tiempo a 120. Que me dejes estrellarme si es eso parte de mi historia. Que me dejes llorar, agobiarme y frustrarme. Que me des un abrazo y no me digas nada más.”

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