Son Tus Hijos | Escuela de Familias - UNA DEFENSA DE LA MEMORIZACIÓN

UNA DEFENSA DE LA MEMORIZACIÓN

Autor: Urko de Azumendi

Licenciado en Geografía e historía.

Master en Educación Secundaria.

Profesor en Munabe Ikastetxea

Fuente:

Sontuhijos

La memoría ¿esta pasada de moda?

Mucho tiempo llevamos escuchando que la memorización era el sistema antiguo de aprendizaje y que eso ya no tiene sentido, que la pedagogía, en la era de las redes sociales, debe ofrecer otros sistemas acordes a lo que se demandará en un futuro no tan lejano. Así, un alejamiento del dato concreto, que se venía desarrollando desde la LOGSE (y antes quizá) ha terminado resultando una huida atropellada, aunque no tengamos claro en qué dirección. Dice José Blas García Pérez, maestro y profesor universitario:

Un exceso que hemos convertido en una cultura educativa y de la que nos está costando salir: el memorismo como arte y práctica educativa. En este intento de huída, y por efecto rebote, hemos convertido a la memoria en una proscrita de los procesos de aprendizaje que denominamos activos, pasando así de ser el centro de lo que considerábamos aprender, a ser la “olvidada” y, seguramente, errando en su concepción por “pasarnos de frenada”.

Un mal uso del denominado aprendizaje memorístico nos ha traído hasta aquí. El aprendizaje memorístico (repetitivo) se basa en retener datos sin procesarlos. Los contenidos memorizados ni son comprendidos ni se intenta analizar su significado; se trata de fijarlos en la memoria. Por ello, su uso debe ser limitado a ciertos conocimientos. Son datos que  si no se vuelven a utilizar, se recuerdan y olvidan con facilidad. Datos que se aprenden para un examen y luego se disipan.

Está ya muy trillada aquella dicotomía entre memorizar (el malo) frente a comprender (el bueno); una dinámica repetitiva, árida y que se logra con mucho esfuerzo frente a lo fácil o cómodo, incluso lúdico, que pudiera resultar el comprender. Ante esto frunce el entrecejo Gregorio Luri, pedagogo y filósofo que defiende la memorización como indispensable en la tarea de aprender.

Pero ¿es qué para comprender no hay que esforzarse? ¿La comprensión es tan mansa que se nos entrega sin lucha? ¿Y lo comprendido, dónde lo guardamos, sino en la memoria?

Y es que memorizar no tiene por qué significar hacerlo sin entender nada. Memorizar, habiendo entendido bien lo que se estudia, recuperar dichos conceptos, dichos conocimientos concretos, de vez en cuando en actividades, ejercicios, presentaciones… es básico e insustituible. Olga San Martín, periodista especializada en educación, ha estado en Doha (Qatar) en una cumbre mundial de educación y ha vuelto con varias ideas claras:

Aunque el proceso de aprendizaje es importante -el famoso aprender por aprender-, se propugna una vuelta a los conocimientos concretos, que tan mala fama han tenido en los últimos tiempos. Los niños deben tener una base sólida de saberes para no perderse en la gigantesca biblioteca llena de trampas que es internet.

Y éste es uno de los aspectos más relevantes de la era en la que estamos todos inmersos. Una multitud de datos tan ingente a un solo clic que lo que por encima de todo resalta es el llamado “ruido documental”, un montón de información irrelevante, cuando no equivocada que obliga a hacer una selección. Como dice Alberto Royo, profesor y musicólogo y autor de “contra la nueva educación”:

Si, como mantienen los pedagogos, el conocimiento está en internet, para qué vas a aprender quién fue Colón si está en Google. No se dan cuenta de que internet puede ser un lío terrible para gente que no tiene los recursos para discernir.

Si un alumno no ha fijado en su memoria fechas, hitos y datos concretos como 1492, los Reyes Católicos, la toma de Granada o la expansión portuguesa durante el siglo XV, cuando busque en internet información sobre Cristóbal Colón, no va a enterarse de nada. Conceptos como Renacimiento o Inquisición le confundirán, nombres como Galileo, Kepler o Copérnico le dejarán indiferente y se quedará con lo anecdótico, el nombre de las tres carabelas (a lo sumo) pero perdido ante el heliocentrismo o geocentrismo y quizá convencido de que a Galileo se le juzgó por creer que la Tierra era plana.

En Doha se han defendido ideas sensatas que nos advierten del futuro; tendrán ventaja aquellos que dispongan de herramientas para encontrar la verdad objetiva entre tantas verdades alternativas, ese concepto tan dañino de la postverdad. Y esto que nos llega de Doha es una crítica al relativismo y una aceptación de la batalla que habrá que dar contra su dictadura, algo en lo que ya insistiera Benedicto XVI durante su pontificado.

Despidamos con una idea más de Gregorio Luri:

Los codos no son, desde luego, una nueva tecnología. Pero, créanme, aún no hemos encontrado sustituto para ellos.

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