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MIS HIJOS NO ME HACEN CASO: ¿HABLAR O INTERROGAR?

Autor: Juan Antonio Canales

Ingeniero Industrial.

Docente por más de 30 años.

Profesor y asesor personar en Munabe Ikastetxea.

Ha ocupado distintos cargos directivos en Centros educativos.

Ha sido consultor de Orientación Familiar.

Fuente:

Original para sontushijos

¿Interrogar, hablar?, pero siempre con empatia.

Las personas que tenemos que hablar mucho con otras personas en el ejercicio profesional, no siempre reflexionamos lo suficiente sobre lo que significa esta forma de comunicarse. Hay otras formas de comunicación pero yo en este artículo me voy a centrar en la verbal.

He indicado en la introducción sobre la necesidad de pensar sobre nuestra forma de dialogar, porque podemos creer que conseguimos que los demás capten nuestros mensajes y quedarnos tan tranquilos.

Interrogar en términos generales, busca obtener una información cuanto más extensa posible, y su finalidad finaliza con los datos obtenidos. Los métodos y estrategias empleados sólo buscan la comunicación unidireccional.

Hablar, en el sentido en el que quiero desarrollar en este caso, implica empatía y deseos de decir o escuchar algo. Y como el terreno de aplicación es muy amplio, esposos, padres-hijos, jefe-empleado, etc., voy a ceñirme al de padres e hijos.

Todos los padres deseamos que nuestros hijos nos hagan caso, tanto en situaciones de normalidad como en las dificultades. La empatía, ponerse en lugar del otro, favorece el entendimiento de lo que se habla. Esto un gran paso porque si las interpretaciones son distintas, los malentendidos y decepciones posteriores son inevitables.

También es muy importante cuando se dialoga con otra persona tener intención de escuchar. No es tan fácil esta cuestión ya que exige paciencia, interés por el otro, comprensión, mente abierta y receptiva. Este es un aspecto que se detecta fácilmente por interlocutor, favorece que la comunicación sea abierta y provechosa. Cuando no es así, las conversaciones se convierten en convencionales, se dice lo que es políticamente correcto, pero no se llega al fondo de la cuestión de ese momento y por tanto los efectos beneficiosos nulos. Esto produce frustración y la impresión que hablar no sirve para nada.

Tener claro qué se quiere decir, también es importante porque en caso contrario se corre de pedalear en el aire. Esto pide pensar sobre la otra persona, sobre como decírselo y sobre como respetar su libertad y circunstancias.

Es muy importante crear un clima de comunicación y confianza con nuestros lo antes posible. Y digo lo antes posible porque en la infancia que cuando aparentemente los padres tenemos el control, fácilmente podemos caer a veces en situaciones de sólo control y no favorecer lo suficiente que nuestros hijos se explayen.

Para finalizar y que nos ayude a situarnos, voy a indicar a grandes rasgos con un chiste, que muchas veces se cumple, cómo nos ven los hijos en las distintas fases de su vida:

  • A los 7 años: Mis padres lo saben todo.
  • Alos 13 años: Mis padres en algunas cosas se equivocan.
  • A los 18 años: Mis padres nunca tienen razón.
  • A los 22 años: Mis padres son prehistóricos.
  • A los 35 años: Mis padres en algunas cosas tienen razón.
  • A los 60 años: Cuanta razón tenían mis padres

Mucho ánimo y espíritu deportivo

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