HIJOS LECTORES

Autor: Urko de Azumendi Beistegui
Licenciado en Geografía e historía.
Master en Educación Secundaria.
Profesor en Munabe Ikastetxea
Fuente:

Original para sontushijos

Algunas claves para facilitar a nuestros hijos el llegar a ser buenos lectores; qué pueden hacer unos padres interesados.

España es un país de contradicciones en muchos ámbitos, y la lectura no iba a ser diferente. El valor social de la lectura y la conducta lectora reflejan claramente la contradicción cultural que vivimos. Mientras que está altamente valorado el hecho de ser lector, no se dedica tiempo a leer.

¿Cuál es nuestra visión general de la lectura y su importancia en lo escolares? En la sociedad y en la escuela existe sobre todo una visión de la lectura como elemento alfabetizador e instrumentalizador. Se trata de conseguir una lectura que les permita el acceso a la información y que les ayude a aprobar y aprender. Aunque esta visión es relevante, fundamental, debiéramos tratar de conseguir que los niños le concedieran también un valor lúdico. Si no fuera así, terminada la etapa estudiantil, el joven no encontraría muchos alicientes para continuar con la lectura habitual.

La lectura instrumental, ese leer para aprender, es similar en todos los escolares. Todos leen los libros obligatorios del colegio. Pero no resulta fácil para los niños encajar la actividad voluntaria de leer en un contexto formal definido únicamente por la obligatoriedad del comportamiento lector. La lectura por obligación no lleva al gusto por la lectura, de hacerlo es muy pocas veces. Es más, las lecturas obligatorias (y no deseadas) son las que mayores desencuentros generan. La lectura obligatoria, cuando se realiza en contra de la voluntad del lector, puede terminar provocando una reacción de rechazo hacia la lectura; qué decir tiene, cuando los alumnos son evaluados por dichas lecturas. Y entonces ¿Cómo podemos hacerlo? No es fácil y exige de los padres un esfuerzo.

El acercamiento a la lectura no suele producirse de forma espontánea y, por este motivo se debe construir un contexto que facilite el encuentro. Es imprescindible que el entorno donde se encuentra el niño valore el tiempo de lectura y deben darse modelos de comportamiento lector. Los resultados de la socialización lectora confirman que los lectores, básicamente, se hacen en casa, con acompañantes lectores y con los padres como modelo. Con esto estamos diciendo que los niños deben ver en casa un modelo lector, alguno de los progenitores (mejor ambos, e incluso los abuelos) deben ser lectores. Deben vernos leer. Esto es, de poco sirve que leamos en la cama una vez acostados los hijos. En el caso de que la lectura sólo pueda ser nocturna con todos acostados queda un rescoldo en forma de biblioteca. Un buen montón de libros que ocupen un lugar privilegiado en el hogar es un buen aliciente para acercarse a los libros. Si la lectura nocturna se da en el formato electrónico, el modelo se disipa. Los volúmenes, los colores, las portadas, son elementos llamativos que acercan a los niños al libro como objeto físico y que despierta un interés en ojearlos. Es algo de lo que los cómodos libros electrónicos carecen, perjudicando nuestra labor educativa.

Lamentablemente, el que los padres sean lectores no garantiza hijos lectores; pero los lectores frecuentes se encuentran, en unos porcentajes elevados, inmersos en contextos familiares lectores. En estos contextos lo habitual es que se valore leer y que se festeje el descubrimiento del gusto por la lectura. Quien gusta de leer, animará y no desincentivará la lectura de los suyos. Pero es más, hablábamos de padres como modelo y como acompañantes. No se trata sólo, de leer junto al hijo cada cual su libro. Esto es algo bonito, no desdeñable, pero para edades algo más tardías. A los hijos desde muy pequeños hay que leerles cuentos, diariamente. Deben descubrir el valor y el interés de las historias que los libros contienen. Pero, atención, cuando los hijos ya en primaria leen bien de forma autónoma, no debemos abandonar el hábito. Los niños (hagan la prueba) leen de manera monocorde, lo que dificulta la correcta comprensión lectora. Una lectura en voz alta del adulto, con entonaciones, con dramatismo y con voces diferentes, proporciona teatralidad (lo que siempre agradecen), enseña cómo se debe entonar y posibilita la acción del progenitor como diccionario con piernas para aquellas palabras que el vástago no entiende y que en una lectura personal probablemente no terminaría en un diccionario.

Aunque suelen ser en los primeros años de Primaria cuando los niños se suelen volcar con la lectura, es en los últimos años de la niñez cuando las decisiones en relación con la lectura se hacen más personales y guardan estrecha relación con la distribución del tiempo libre. Las primeras alternativas de ocio que eligen los niños son las mismas. Tanto los niños lectores como los que no lo son, prefieren estar con los amigos y hacen las mismas actividades, pero aquellos incluyen la lectura en su tiempo libre. Aquí está la clave; en el “pero”. Ese buscar el momento para sacar un rato de lectura es lo que los padres deben alentar sin presionar. Pensemos que resulta complicado para un niño realizar una tarea que los adultos de su entorno más próximo no realizan. ¡Cuántas veces los padres tampoco valoran realmente el comportamiento lector, aunque consideren que la lectura es importante!

Pues bien, aquí es donde adquiere relevancia la escuela, como entorno donde pueda el niño completar su hábito lector. Para ello se ha demostrado muchas veces el valor de un buen maestro o profesor que con su aliento, su ejemplo, su complicidad ha logrado sacar un buen número de grandes lectores de sus aulas. Caso paradigmático el de Albert Camus, que tras recibir el nobel escribió una sentida carta de agradecimiento a su maestro en reconocimiento a su labor. Pero la labor de la escuela debe ir más allá. Una buena biblioteca bien surtida, no tanto de clásicos (que también) como de libros que sean claramente demandados por los estudiantes, incentivos a quienes opten por leer, libros que complemente la asignatura (los hay para todas) son recursos que no deben obviarse.

Ante la cantinela de que los jóvenes no leen ya libros gruesos, que las consolas y demás dispositivos electrónicos han suplantado sus horas de ocio, el éxito de Harry Potter, El Señor de los Anillos o Juego de tronos, todos ellos ejemplares voluminosos, demuestra que lo que se afirma con tanta ligereza no es cierto. Los jóvenes están dispuestos a leer, sin importar el grosor, siempre y cuando el texto merezca la pena. Pero tampoco debemos consolarnos si nuestros hijos leen un libro gordo como los de Harry Potter, porque efectivamente, es probable que el hábito de la lectura esté ya desarrollado y que el músculo lector lo tengan bien entrenado, pero ¿Queremos que lean o que lean cosas enjundiosas? El objetivo último debe ser que además de disfrutar con la lectura, lo hagan con textos de calidad sobresaliente. El objetivo final debiera ser que además de leer a Tolkien, echen mano de la biografía de Churchill, lean las “Confesiones” de San Agustín, o algo de Verlaine, por el placer que despierta en ellos dicha lectura y la adquisición de esos conocimientos y del goce con las cimas de la literatura. Llegados a este punto, ciertamente, podremos estar más que satisfechos.