ENSEÑARLES A PENSAR DESDE PEQUEÑOS

Autor: Maddi Goitia Olaizola

Magisterio en Educación Infantil.

Curso de didáctica del inglés en educación infantil. Colegio Eskibel.

Fuente:

Original para sontushijos

Hay que dar a los niños las herramientas necesarias para que adquieran un pensamiento maduro.

 

Aprender a pensar desde pequeños de forma propia y crítica, es algo imprescindible para la formación completa de una persona. Y lo complicado es, precisamente, mantener firme ese pensamiento con el paso del tiempo.

Para ello, tenemos que dar a los niños las herramientas necesarias para tener un pensamiento maduro y personal de forma que, ante cualquier situación, sean capaces de hacer un análisis crítico, vean las posibles consecuencias, no se centren en una única visión, sean flexibles, etc.

Los niños pueden trabajar el pensamiento desde muy pequeños. Por eso, es muy importante hacer ver a cada niño que sus ideas y opiniones son importantes. La atención y el sentirse escuchado o ver que sus propuestas son útiles, van a hacer que el niño se motive a la hora de pensar y de expresarse sin el “miedo” de que sus respuestas no sirvan de nada.

Por otra parte, el desarrollo de la empatía, ayuda a que el pensamiento del niño no sea únicamente individual y amplía la visión del mismo hacia los demás. De esta forma, el ver las consecuencias positivas de sus acciones buenas hacía el resto de personas y el afecto recibido, hace que se asiente en el cerebro del niño el aprendizaje emocional y social, imprescindible para el desarrollo global de la personal.

La individualidad y el atender a los propios pensamientos, es otro de los factores esenciales para que el niño aprenda a pensar por sí mismo sin la necesidad de que el adulto lo haga por él. La sobreprotección y la falta de autonomía, frenan considerablemente el desarrollo del pensamiento propio. Por tanto, dejando que el niño piense por sí mismo, alcanzará un pensamiento maduro y equilibrado que le ayudará a aprender a tomar decisiones y a ser seguro.

Además, elementos como la creatividad, la curiosidad y el sentido crítico, amplían la personalidad propia, aumenta la capacidad de tener varias visiones y evita tener un único punto de visión. Lo que facilita la flexibilidad en el pensamiento que permitirá que el niño vaya creciendo y desarrollando su propio criterio.

Todo ello, fomentará un pensamiento libre, maduro y responsable en el niño a medida que vaya creciendo. Evitando así, que los constantes “ataques” externos hagan que el pensamiento propio y crítico flojee no solo durante la infancia, sino en todo el desarrollo de la persona, incluyendo la etapa adulta. 

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