LA ACCION EDUCATIVA NO ES CUANTIFICABLE

Autor: Eloy Olabarri

Arquitecto.

Director del Munabe Ikastetxea

Padre de familia.

Orientado familiar.

Fuente:

Original para sontushijos

Calificar, controlar, contar, supervisar, pero... ¿estamos educando?

 

La acción educativa no es cuantificable y no por ello es menos real ni menos importante. Hoy en día todo se mide y se cuantifica, hasta haber llegado al extremo de que parece que sólo lo cuantificable es verdadero. Y aunque lo intentemos, nos resulta muy difícil escapar de este planteamiento imperante en la sociedad. En el día a día estamos muy pendientes de costes, porcentajes, ratios, presupuestos, plazos, resultados… Todo ello también está muy presente en el funcionamiento de un colegio, en todos los aspectos: número de alumnos, presupuestos, y también, entre los indicadores de la calidad educativa, como las notas de selectividad o los porcentajes de ratios en títulos externos en idiomas y demás.

Pero a pesar de estar inmersos en una sociedad tan pendiente de los números, para que las cosas salgan bien, es muy importante, de alguna manera, hacerlas como si no existieran los números. Recuerdo el personaje de una de las películas de Batman que debe salir de una prisión situada en un pozo dentro de la tierra, y no lo consigue hasta que no se libera de la cuerda a la que se ata por seguridad para no caer al vacío al efectuar el último salto. Es una cuerda que le asegura la vida, pero que no le permite obtener la libertad. El problema es que los números, las medias, los resultados y sobre todo los porcentajes, son lo contrario de la personalización. Hay muchos aspectos de la educación que sólo pueden desarrollarse en el uno a uno, en la acción educativa personal. Y esto está en contraposición con la cuantificación clasificadora imperante en la actualidad. La tendencia general es la de saltar atados a la cuerda, seguros, pero sin muchas posibilidades de llegar a un verdadero crecimiento personal.

En la educación, por ejemplo, estamos demasiado pendientes de las notas, y especialmente en las etapas de Educación Primaria y Secundaria, el desarrollo de la personalidad es mucho más amplio. Es más importante hacer hincapié en cómo el alumno vive las virtudes, por ejemplo, o en el cuidado del desarrollo del sentimiento religioso, que en la cuantificación mediante notas de su desarrollo intelectual. Es cierto también, por otro lado, que, generalmente, los alumnos que con estudio, orden y dedicación, preparan las pruebas y obtienen las mejores calificaciones suelen ser los que también desarrollan más intensamente virtudes como la fortaleza o la generosidad.

En cuanto a los aspectos no cuantificables, pero que son altamente enriquecedores, creo que destaca la capacidad de relacionarnos con los demás. Esa calidad de nuestras relaciones es lo que enriquece nuestros pueblos y ciudades, y en definitiva es lo que enriquece nuestra sociedad. Los acuerdos y vínculos no quitan libertad, sino que la aumentan. Me gustó mucho un ejemplo que aparece en el libro de Los 7 Hábitos, de S. Covey, en el que habla del sentimiento de posesión. Para dar algo, o para prestarlo, primero hay que sentirse dueño de ese algo. Cuanto mayor es la posesión de un bien, cuanto más dueño se es de algo, mayor capacidad se tiene para darlo.  Creo que con los compromisos pasa lo mismo. El darnos a nosotros mismos, en forma de compromisos personales o vínculos, suponen la expresión máxima de poseernos, lo cual es un claro indicio de que somos libres. Estas relaciones que surgen de darnos, suponen por un lado una comunicación entre personas libres, y por otro, los vínculos que se generan nos enriquecen de tal modo que surge algo nuevo, superior a la simple suma de personas. No hay que adoctrinar ciudadanos que se comporten como quiere la autoridad pública, sino que hay que educar personas que enriquezcan la sociedad.

Las personas, en esa interacción, generamos problemas, en la búsqueda de mejoras, y ello da pie a que tratemos de resolverlos poniendo en juego nuestra creatividad. En un colegio, podemos encontrar muchísimas situaciones que requieren esa creatividad. Habría que diferenciar cuáles de ellas son problemas que afecten a la propia identidad del colegio. Estos problemas, de alguna manera, son los que afectan al ideario del colegio. Es tarea primordial de los equipos directivos el encontrar solución a este tipo de problema, que seguramente se verá afectada por alguna de las siguientes cuatro cuestiones: ¿Para qué se propone la solución? ¿Qué solución es? ¿Quién debe adoptarla y ponerla en marcha? ¿Cómo debe hacerse? Pero es esencial considerar la idea de que la acción directiva no debe inducir conductas en las personas que participan del proyecto educativo, ya que de alguna manera ello supone que el dirigido no participa voluntariamente en la solución. Esto implica que no se identifica con el planteamiento de ideario del centro. Y no se debe olvidar que este ideario configura la idea de persona que el titular del centro y el equipo directivo proponen a la sociedad.

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