¿SOY LIBRE?

Autor: Marta del Pino

Licenciada en Traducción e Interpretación (idiomas: inglés, francés e italiano).

Universidad Pontificia de Comillas (ICADE), Madrid. Intérprete Jurado de Inglés. Ministerio de Asuntos Exteriores.

CAP. Universidad Complutense de Madrid.

Grado de Maestro en Educación Primaria. UNIR, La Rioja.

Profesora de educación primaria Colegio Eskibel.

Fuente:

Original para sontushijos

El adolescente reclama "hacer lo que quiero, actuar como deseo" para ser libre.

En nuestra sociedad parece que el valor del que más orgullosos nos sentimos es el de ser libres. Pero, ¿de verdad lo somos?

Cuando a un adolescente le preguntamos qué es ser libre nos contestará: “hacer lo que quiero, tomar las riendas de mi propia vida, actuar como deseo” y eso, ¿es ser libre?

El profesor López Quintás nos advierte: sí, eso es la libertad de maniobra, actuar en cada momento según mi voluntad, o mejor dicho, según mi capricho. Si lo extrapoláramos a la vida cotidiana, por ejemplo, al tráfico ¿quién es más libre? ¿el que guarda las normas o el que conduce en dirección contraria porque en ese momento le apetecía buscar una emoción? ¿Quién corre más riesgos? y si nos referimos a la alimentación ¿quién de nuestros adolescentes no desearía comer siempre aquello que le gusta? y esto sería libertad, según ellos la entienden, pero tendría consecuencias nefastas para su salud.

Es verdad que todo esto les daría una satisfacción inmediata, es decir, un goce, que es lo que suele buscar nuestra cultura hedonista. Si se mueven en estos parámetros y van hacia la satisfacción inmediata incluso si se guían por unos sentimientos cambiantes y efímeros, muy propios de personalidades inmaduras, y no se basan en ningún valor moral y ético consistente, su vida será una esclavitud, y lo peor de todo, es que ni siquiera se reconocerán esclavos ya que habrán perdido la capacidad de discernir y habrán confundido el goce efímero con el gozo duradero. Esto, a la larga, produce un vacío existencial que, en el peor de los casos, y si no saben reconducirlo, les llevará a una infelicidad permanente y a una búsqueda incesante de mecanismos que les impulsarán a conductas de riesgo y autodestructivas que, por desgracia, vemos con frecuencia en nuestros adolescentes.

Sólo la libertad verdadera, basada en unas normas encaminadas al Ideal, al bien común y al esfuerzo personal, crea en los adolescentes una sensación de apertura y les hace elevar su autoestima como seres creativos capaces de desarrollar actividades de auténtico valor y les lleva a sentir esa felicidad que todo ser humano busca y esa paz que da el actuar conforme al código escrito en el alma humana por el Creador.

Esta es la libertad verdadera que conduce a elevar su mirada a la trascendencia y que les dará el gozo ansiado, haciendo adultos honestos y responsables.

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