CAMBIANDO EL MUNDO DESDE DENTRO

Autor: Jaime Andreu
Graduado en Comercio Exterior, y Diplomado en Ciencias Empresariales.
Actualmente  subdirector de Primaria Munabe Ikastetxea.
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Original para sontushijos

Cuando el trabajo está bien hecho la persona mejora, y se desarrollan en ella muchas cualidades que contribuyen a hacerla creer.

 

Hace unas semanas leía en un artículo de una revista sobre actualidad económica que “el cuidado de los detalles pequeños marca la excelencia en tu negocio”. El texto hablaba de la importancia de prestar atención a lo que no se ve, a los detalles más insignificantes que contribuyen a que tu producto sea lo que es. En el ámbito empresarial, las grandes compañías invierten sus recursos en las áreas y sectores en los que hay mayores oportunidades, pero para obtener una buena cuenta de resultados son conscientes de que tienen que mimar sus productos ajustando todos los detalles al gusto y necesidad de sus clientes.

No me gusta hablar de “empresa” cuando me refiero a un colegio, pues en el mundo de la educación las oportunidades no están en los productos, sino dentro de cada persona, y hay que saber detectarlas y activarlas. Los que nos dedicamos a esta apasionante tarea tenemos el gran reto de conseguir sacar lo mejor de cada uno de nuestros alumnos, y esto se consigue más fácilmente cuando ellos toman a sus profesores y padres como referentes de conducta, como guías de actuación. Para que los alumnos vean en los adultos que les rodean alguien interesante es imprescindible que tengamos un serio empeño personal, que nos ilusionemos con ser cada día mejores. Está claro que esa no es una labor fácil. Digo que no es fácil porque tanto padres como profesores estamos siendo observados constantemente por los alumnos, y ellos no pierden detalle. Sus ojos nos persiguen en cada movimiento, en cada gesto o comentario que hacemos. Quieren ser mayores de manera inconsciente, y sin darse cuenta imitan la forma en que los adultos actuamos. De ahí surge la conveniencia de pararse a pensar, y de hacerse preguntas: ¿Cómo es mi manera de funcionar habitual?, ¿realmente procuro hacer las cosas de la mejor manera posible?, ¿o me conformo simplemente con hacerlas? Cuando hablamos de educar a los niños y jóvenes no vale conformarse con ir tirando, pues si no conseguimos que avancen poco a poco se irán quedando atrás. En la educación, como en la vida, estancarse es retroceder. Eso mismo puede ocurrirnos a nosotros mismos, quizá muchas veces perdemos de vista a dónde nos dirigimos, u olvidemos que estamos influyendo directamente en la sociedad con nuestra forma de educar a los que serán adultos algún día.

Se dice que uno de los secretos del éxito de Inditex-Zara son sus escaparates, que “entran por los ojos” a los clientes. Salvando las distancias, en Munabe la educación también entra a nuestros alumnos por los ojos. Tener en un colegio profesores que son un referente es una de las claves del éxito del proyecto educativo. Tener profesionales que saben transmitir un estilo de vida atractivo, y que son conscientes de que con su trabajo bien hecho están educando es fundamental para que ese proyecto tenga solidez. Un profesor que es puntual cada día en sus clases, que sabe pedir por favor las cosas a sus alumnos, que sonríe cuando se cruza con ellos por los pasillos, que no da portazos ni eleva el tono para pedir silencio en el aula, que es paciente con el alumno cargante, que aunque haya pasado una mala noche (o el coche le haya dejado tirado de camino al trabajo) no se deja llevar por el mal humor... ese profesor que lucha cada día por ser mejor persona está haciendo una labor que no tiene precio, y sin darse cuenta está cambiando la vida de muchas personas. Y también está dejando huella en los que trabajan a su alrededor. En definitiva, sin darnos cuenta no sólo estamos creando un ambiente de trabajo acogedor, también estamos haciendo la vida más agradable a los demás.

La vida de un colegio está llena de pequeñas acciones que parecen sin importancia, de gestos que pasan inadvertidos, pero que se van grabando en la memoria de las personas que viven en ese ambiente educativo. Son detalles insignificantes que se contagian, y que con el tiempo van creando unos hábitos y una manera de funcionar en la persona, y le añaden un valor que no se adquiere en los centros comerciales, que Amazon no tiene disponible en sus canales de distribución, es algo que sólo quien lo experimente y lo viva de cerca es capaz de valorarlo. Este ingrediente extra facilita y potencia el desarrollo personal, intelectual y espiritual de cada alumno.

En esos detalles, en el cuidado de las cosas pequeñas, encontramos la verdadera eficacia educativa. Cuando el trabajo está bien hecho la persona mejora, y se desarrollan en ella muchas cualidades que contribuyen a hacerla crecer.

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