EL ADOLESCENTE RECLAMA LIBERTAD

Autor: Michel Bibián
Licenciado en Ciencias de la Educación (Pedagogía) en la Universidad de Navarra.
Diplomatura en Magisterio (Primaria) en el Centro Villanueva de la Universidad Complutense de Madrid.
Diplomatura en Teología en la Universidad de Navarra.
Profesor en Educación Primaria y Secundaria del Colegio Las Fuentes (La Rioja).
Fuente:

Original para sontushijos

Los hijos deben ir adquieriendo autonomia, poco a poco.

 

Cuando un niño comienza a crecer va logrando poco a poco su autonomía, pero los padres tienen que ir soltando la mano según vayan viendo el grado de responsabilidad.

Un niño entre los siete y los diez años empieza a pedir permisos que les alejan del cuidado visual de los padres. Por ejemplo, en el verano, pueden empezar a pedir irse con los amigos de excursión, quedarse más tiempo en la playa o en el parque, ir en bici con los amigos...

La pregunta que los padres se hacen es, si deben dejarle. Hay que ver la madurez del hijo. Es una edad en la que ellos deben ir adquiriendo más autonomía, responsabilidad y ser más maduros. Les queda poco para ser adolescentes y es bueno que vayan aprendiendo a responder de sus actos.

Los hijos tienen que comenzar a emprender más iniciativas por sí mismos. Por ejemplo, un día querrá irse en bicicleta con los amigos y le diremos que no se meta en el barro; y volverá limpio tanto él como la bicicleta. Entonces podremos pensar que está preparado para dar otro paso en la adquisición de libertades.

Habrá que darle una cierta autonomía, siempre y cuando podamos confiar en él. Le haremos más responsable y se dará cuenta de que nosotros confiamos y no nos defraudará.

La clave es la confianza. Cuando nos pida una locura o dudemos de si está maduro para ello, le negaremos el permiso. Pero siempre hay que hacerlo razonando los por qués. No es bueno para él que le demostremos desconfianza.

Es bueno que los hijos aprendan de los errores. No importa que nuestro hijo se equivoque, porque de los errores también se aprende y quizá más. Si no existen peligros serios, es bueno que afronte por sí mismo las contrariedades.

Nuestro hijo no es tan pequeño, pero tampoco tan grande. Condiciones que pueden cumplirse antes de que les demos libertades, especialmente en verano:

  • Que nos extrañe si nos pide no venir a comer o llegar tarde. En casa se respetan los horarios de la familia
  • Hemos de extrañarnos cuando nos pida algo que suponga no venir a almorzar, o llegar más tarde a comer. Hay que respetar los horarios familiares y si no se levanta temprano ni cumple con su encargo en la casa, quizás no se merezca que le demos esa autonomía.
  • Confiamos en el niño, pero estaremos más tranquilos si cuenta con naturalidad en la casa lo que hace con los amigos en su tiempo libre, sin omitir ni mentir. En caso contrario, si esconde algo, probablemente no sea nada bueno.
  • Que nuestro hijo vaya en grupo con sus amigos nos da más seguridad, sobre todo si los conocemos a todos y podemos confiar también en ellos. Además, es bueno estimular a nuestro hijo y a sus amigos para que se junten con sus hermanos o primos mayores.

Metas posibles

  • Tenemos que reflexionar si le hemos dado responsabilidades a nuestro hijo.
  • Tiene que ver que confiamos en él, aunque haya que decirle que no porque sea algo peligroso lo que nos pide.
  • Hay que justificar los noes, con razones objetivas.
  • Para que aprenda a valerse por sí solo, podemos dejarle ir de paseo o de gira deportiva con personas de confianza y sin separarse del grupo.
  • Podemos recortar la libertad de nuestro hijo por miedo a que se equivoque. Pero de los errores también se aprende, y quizás más.
  • Para darle a nuestro hijo la oportunidad de demostrar que confiamos en él, se puede hablar con las mamás de sus amigos para que vayan cada vez a una casa distinta a jugar. Sin sus padres cerca, tiene más libertad, pero sigue vigilado. La madre "anfitriona" tendrá que aceptar por esa tarde un trabajo extra.

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