Son Tus Hijos | Escuela de Familias - LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD

LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD

Autor: Eloy Olabarri Echevarría
Arquitecto.
Director de Munabe Ikastetxea.
Padre de familia numerosa.
Fuente:

Original para sontushijos

Veíamos hace unos días un caso de Orientación Familiar en el que unos padres que habían decidido no educar en la Fe a su hijo, por motivos de un viaje profesional juntos, dejaban al niño al cuidado de los abuelos.

En esas dos semanas, el niño de cuatro años recién cumplidos, descubría un mundo nuevo de sensaciones. Por primera vez disfrutaba del contacto con la Naturaleza, de los amaneceres en el campo, del canto de los pájaros al aire libre, de los trabajos artesanales, y también del descubrimiento del misterio de lo religioso. Ante la maravilla del mundo natural, el abuelo le enseñaba las primeras oraciones, le hablaba del poder creador de Dios, del cariño a la Virgen María, de la protección del Ángel de la Guarda... Y al volver del viaje, los padres se encontraban a otro hijo, un niño que ahora reza por las noches antes de acostarse, y que les habla de Dios como Padre Creador de todo y de todos. 

Las conclusiones que aparecían en la sesión eran que los padres, seguramente por ignorancia y por superficialidad, estaban cometiendo un error grave al privar al niño de esa educación, y que, a pesar de lo forzado del papel asumido por los abuelos, sí que alguien tenía que hacer ver, tarde o temprano, lo necesario de cultivar la vida interior del niño. También se podría haber profundizado en algunas conclusiones "de manual", como la iniciación del niño en pequeñas prácticas de piedad, como las pequeñas oraciones de bendición de la mesa, de devoción a la Virgen María, al Ángel de la Guarda... para estimular en el niño todo un mundo de valores morales que forman parte de nuestra tradición cristiana. 

Desgraciadamente son cada vez más los padres que hoy en día, como los del caso estudiado, minusvaloran, cuando no la desprecian por completo, la formación de la interioridad de sus hijos. 

Tanto desde la familia como desde los centros docentes, es importante recuperar esa visión de la necesidad de educar la interioridad, la intimidad, la capacidad del autoconocimiento y la meditación personal de nuestros jóvenes. El trabajo educativo en este ámbito produce resultados inmediatos tanto en la vivencia personal de los alumnos como en sus relaciones interpersonales, tal y como experimentan los profesores de los centros educativos en los que se trabaja esta "educación de la interioridad". Una vez que se comienza con el empleo de estas dinámicas, son los propios alumnos los que terminan demandando la práctica de la meditación personal, como modo de silenciar el ruido interior y aprender a vivir en las situaciones presentes con sentido humano y profundidad. En el ámbito educativo anglosajón ya se ha bautizado a esta tarea como educación "mindfulness", desarrollo de la "atención plena", o capacidad de vivir de manera humana y profunda el aquí y el ahora. 

De todo ello, me gustaría concluir que la educación de la interioridad y el espacio de meditación personal como educación en el ámbito del encuentro con el misterio de la Creación y del Creador es necesaria si queremos que nuestros hijos, en un orden meramente humano, luchen durante toda su vida por: 

- No faltar nunca a la palabra dada. 

- Saber dominarse en todas las circunstancias: el enfado, el miedo, los nervios. 

- Responder de sus propios actos (dar la cara). 

- No hacer trampas: ni en el juego, ni en los negocios. 

- Nunca traicionar a los amigos, ni hablando mal de ellos ni abandonándolos. 

- Ser espléndidos al agradecer los servicios prestados. 

- No doblegarse a la prepotencia de otros. 

- No tolerar abusos contra los más débiles. 

- Emplearse con generosidad en los grandes valores de la humanidad. 

- Tener miras elevadas y no buscar el propio interés, 

- Ser magnánimos, con un alma grande para querer y emprender. 

Es decir, que quieran ser personas nobles, felices y personas de bien. Que es nada más y nada menos que aquello por lo que cualquier educador o padre nos desvivimos. 

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