Son Tus Hijos | Escuela de Familias - PROFESORES PRIMERIZOS Y/O CON POCA AUTORIDAD. PROFESORES QUE BUSCAN LO MEJOR DE SUS ALUMNOS. PROFESORES FELICES.

PROFESORES PRIMERIZOS Y/O CON POCA AUTORIDAD. PROFESORES QUE BUSCAN LO MEJOR DE SUS ALUMNOS. PROFESORES FELICES.

Autor: Juan Pablo Fernández Castiella
Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Navarra.
Maestro en Lengua Extranjera Francés por la Universidad Pontificia de Salamanca.
Director de Formación del colegio Alcaste-Las Fuentes y profesor de Primaria.
Coordinador de comunicación y gestión de la disciplina escolar en Primaria.
Fuente:

Original para sontushijos

El caracter de cada uno no es impedimento para ser un buen profesor.

A lo largo de nuestra vida hemos tenido muchos profesores y maestros. Todos recordamos algunos con mucho cariño y otros con los que no congeniamos lo suficiente, incluso algunos que calificaríamos de malos profesores.

 Una de las preocupaciones de un profesor, cuando empieza su labor docente, es si llegarán a dominar el aula, si serán capaces de llegar a todos los alumnos y si sabrán gestionar la disciplina de manera adecuada.

Haciendo un ejercicio de reflexión y pensando en aquellos profesores a los que tenemos gran estima, salen muchas cualidades y virtudes que como docentes debemos fomentar. El carácter de cada uno no es impedimento para ser un gran profesor.  Como virtudes y cualidades se deben trabajar para crecer en ellos.

El profesor es pieza clave en el engranaje de la educación de un alumno. Les acompaña en su desarrollo social, cultural y humano y por eso debe ser referencia en cada uno de los aspectos. Hay una distancia entre profesor y alumno: cada uno juega un rol y desempeña un cargo distinto.

La profesionalidad y el entusiasmo entran por los ojos y se perciben enseguida, desde el momento en el que uno entra en el aula, los alumnos son capaces de darse cuenta de lo que les espera ese día.

Una de las claves está en el respeto a los alumnos. El profesor debe respetar y tratar a los alumnos como personas humanas con una dignidad incomparable.  Este simple hecho, nos llevará a valorar a cada alumno por separado y buscar los puntos fuertes de cada uno. El optimismo juega un papel importantísimo que nos llevará al entusiasmo por nuestra profesión y al afán de sacar adelante a todos y cada uno de los alumnos que se cruzan en nuestro camino. El profesor es docente las 24 horas al día, 365 días al año y las preocupaciones y afán de mejorar nos acompaña como a cualquier gran profesional.  Es un modo de explicar que la profesión docente es vocacional.

Nuestra materia prima (que los alumnos me perdonen por utilizar este calificativo) son personas humanas y el enriquecimiento es mutuo. Podemos aprender muchas cosas de ellos y con ellos.  Cada alumno es único e irrepetible con sus circunstancias y su  historia personal que debemos tener en cuenta a la hora de dirigirnos a ellos.

El profesor con autoridad no es el más duro , quizá sea el más temido y dominará la disciplina en el aula pero será recordado por eso y no por haber sido ejemplo de sus alumnos. No es incompatible esta afirmación con la exigencia. Dice el refranero español que quien bien te quiere, te hará sufrir. Queremos lo mejor de nuestros alumnos y haríamos mal si no hay un clima de exigencia.  Desde este punto de vista se entiende que tenemos que ir de la mano de los padres pues participamos de su proyecto educativo como agentes en quienes han depositado su confianza para ayudar a sus hijos a ser felices.

La escucha y la atención son claves en el desarrollo de la labor de formación que llevamos a cabo. Una escucha que se manifiesta en los gestos, en el modo de vestir, en la postura que adoptamos en el aula y el modo de hablar y de dirigirnos a ellos. Les mostramos de manera indirecta un respeto y les transmitimos confianza. Valores clave para sacar lo mejor de cada uno.

El buen profesor es seguro. Los alumnos, mayores o pequeños, necesitan líderes en el aula y éstos deben corresponder con seguridad. Ante un problema, una duda, un ruego, una sugerencia, los alumnos saben a quién acudir, porque encuentran respuestas a sus inquietudes.

Todo lo dicho hasta ahora, nos permite descender a otros consejos prácticos que el docente debe tener en cuenta en su día a día. Evitar llamar al alumno por el apellido o por el apodo que le han puesto sus compañeros, es impersonal y en su casa le han puesto un nombre para que así le llamen. La ironía en el aula es también muy peligrosa, aunque reconozco que a veces es un aliado, pero ésta tiene que ser exquisita y de delicadeza extrema.

Otra cuestión vital es el de las correcciones a los alumnos. En líneas generales debemos evitar que éstas sean en público, son más eficaces y eficientes hacerlas cara a cara y personalmente. Transmitimos que nos importan, que queremos lo mejor de ellos y que les vemos capaces de reconducir la situación. De otro modo, en el aula y delante de los compañeros, suena más a reprimenda. En definitiva, a la hora de solucionar conflictos debemos tener en cuenta un doble objetivo: hacerles responsables de sus actos y educar; corregir una conducta. Por eso, el principio de igualdad y de justicia en el aula se traducen en dar a cada uno lo que necesita y no en tratar a todos por igual.

Gritar en el aula te quita autoridad.  El grito debe ser un recurso residual al que no tenemos que tener acostumbrados a nuestros alumnos. Así, sabrán que cuando gritamos es porque tenemos un motivo de peso y les hacemos ver que se han pasado de la raya.  Las amenazas tampoco son buenas aliadas si éstas nunca se cumplen o van encaminadas a la evaluación del alumno.

No quiero cerrar el artículo sin antes mencionar una cualidad, valor y virtud necesaria a principio de  curso y al final de él. Se trata de la paciencia. Infinita paciencia: nos encontramos ante un proyecto a largo plazo, un proyecto de vida, que necesita sus tiempos y espacios de maduración. La paciencia nos ayudará a ver las cosas en su conjunto y lo que hoy parece un paso atrás, con los años supone un avance vital. 

Twitter